viernes, 17 de septiembre de 2010

LOS REMEDIO DE DOÑA JUSTINA


Remedios, brebajes e infusiones,
que no hay médico que cure
lo que yo curo
con mis pociones

Personaje curioso vivió en nuestra ciudad, como lo era doña Justina Valcárcel allá por 1880, quien era muy solicitada en el oficio de curar todo mal; dicha señora inclusive tenia mayor aceptación que los médicos de ese entonces y sus recomendaciones eran seguidas por parte de sus pacientes al pie de la letra con una fe única e inquebrantable, como reza el dicho antiguo: “donde hay dolor, ahí mismito cae doña Justina” la cual vivía en las afueras del pueblo, en la parte que hoy es conocida como “El Monte”.Dicha mujer, se dirigía todos los días al centro del pueblo a realizar sus quehaceres muy temprano por la mañana, pero ni bien era vista por los pobladores, estos se pasaban la voz informando de su llegada para correr hacia ella y pedirle que por favor visite a algún enfermo, o simplemente para consultar sobre un problema en la salud de un familiar; era tanta la fe que se le tenia a esta señora que las muestras de agradecimiento luego de sus visitas eran muchas; esto por lo contrario también le trajo diversos problemas, ya que mucha gente la tildaba de bruja o que hacia pactos con el diablo para curar a sus pacientes, pero bastaba la sola visita de esta inofensiva anciana a la casa del enfermo, para que la tranquilidad de los miembros de la familia vuelva con ellos.

Sus remedios caseros los llevaba en un gran bolso, en el cual tenía todo lo esencial para preparar sus brebajes e infusiones o sino mandaba a conseguir lo necesario de por ahí; luego como obra y gracia del señor, las muestras de mejora se daban en el paciente y como ella decía luego de aplicar sus conocimientos ¡santo remedio! para luego retirarse con una gran sonrisa dibujada en el rostro, complacida de ayudar a quienes lo necesitaban.
Así un día, al llegar a la casa del primer enfermo que visitaba esa mañana, se le acercó un familiar y le dijo:
- mi sobrino desde ayer tiene una hemorragia nasal que no le para por nada.
Para lo cual la abuelita comenzó su labor, pidiendo tarugos de cebollas que mandó a colocar en las ventanas nasales del enfermo, después indicó que se le ponga un papel mojado en la frente, para recomendar que más tarde se le levante el brazo izquierdo y se le recline la cabeza hacia atrás al paciente; ¡santo remedio!.
Otro día se le acercó una madre desconsolada por la salud de su hijo, la cual consultó a la abuela, con un susurro al oído:
- ya no se qué hacer con mi muchacho, todos los médicos del pueblo lo han visto y no le han dado solución a los granos que tiene en la cara y espalda.
No hay problema, dijo la anciana sacando unas cuantas hojas de guayabo de su bolso, para luego ordenar que se le lave la parte afectada con el cocimiento de estas; y nuevamente ¡santo remedio!
Con el pasar de los años no había dolor de estomago que doña Justina no cure con sus infusiones de manzanilla, ni dolor de pecho para el cual preparaba una infusión de azahar de naranja o clavel, mucho menos una gripe que haga sentir mal, para esto la abuelita ponía corontas o marlos de maíz al fuego para que el paciente haga inhalaciones de este humo, lo cual secaba la secreción nasal.
Cosa curiosa pasó una vez que fue llamada a altas horas de la noche por los propios doctores de la época, para que cure a un paciente que sufría de una severa insolación, así sin más ni más la abuelita se dirigió hasta la casa de este, al cual encontró echado boca abajo en su cama con la espalda sumamente enrojecida, doña Justina sacó de su bolso unos cuantos tomates, para sorpresa de los presentes los partió en dos y dijo:
- pásenselos por la espalda una y otra vez, estos servirán para aliviar las quemaduras y refrescar la piel.
Los familiares siguieron al pie de la letra los consejos de la anciana, con lo cual los dolores del paciente se apaciguaron, ante la sorpresa de los familiares y médicos que solo atinaron a mirarse y exclamar: ¡santo remedio!
Así pasaron los años de esta mujer que se hizo de fama en nuestra provincia con sus curaciones que sorprendían a propios y extraños, sobre todo sus infalibles remedios caseros, entre estos:
- para bajar la presión; recomendaba hervir dos hojas de palto en 4 tazas de agua, luego hacia tomar dicho cocimiento 3 veces al día.
- contra el aire; indicaba pasarse el papel de las colillas de cigarro por la frente o frotarse con una barra de azufre.
- contra los orzuelos; recomendaba amarrarse un hilo en la muñeca del brazo opuesto a este, también frotarlo con un anillo de oro caliente, o sino levantar el parpado y escupir tres veces o por ultimo hacerle guiños a un gallinazo hembra al pasar este por los aires.
- contra el reumatismo; recomendaba tomar jugo de limón en las comidas o en lo que se beba, también tomar todas las mañanas una taza de cocimiento de apio.
- contra el hipo; ordenaba tomar el vaso de agua pero al revés, es decir por el lado posterior del vaso.
- contra el insomnio; hacía comer hojas de lechuga o manzana en las noches antes de acostarse, evitando así el desvelo.
- contra los chupos venenosos; mandaba a colocar un emplasto de linaza molida con leche.
Esta anciana hasta logró curar males extraños, los cuales se creía habían sido causados por brujas; como:
- el hechizo y el daño; para los cuales procedía a buscar donde estaba enterrado el mal, que muchas veces era un muñeco que tiene como base una coronta de maíz, la que se envuelve con trapos de la victima, también muñecos de cera, cabellos y lo que se pueda conseguir de la persona a quien se quiere dañar, a los cuales se les pincha con alfileres produciendo a estos una gran dolencia.
- para la “mancha” o “caracha” como se le conoce, se preparaba un brebaje que tenía como ingredientes la piedra infernal, el agua o aceite que quedaba en la lámpara del santísimo y polvos de la piedra Lara.
- contra el ”ayache”, que era un mal que atacaba a los niños volviéndolos raquíticos, haciendo que estos se pellizquen las manos y orejas; se cree que este mal también se contrae por motivo de que al nacer la criatura, la madre estuvo cerca de un muerto o fue con la criatura al velorio, con lo cual el tufo del muerto alcanzó al menor. Este mal lo curaba bañando al enfermo con cocimiento de altamiza, retama y ruda, luego se le pone ropa nueva al niño después del baño y la que se le quitó se mandaba a enterrar al cementerio, para que se vaya el mal.
- contra la “irigua”, esta enfermedad que se dice se adquiere cuando la madre gestante mira los defectos de algún animal, pone atención o le repugna algo que ve; la criatura en gestación por acto reflejo adquiere el defecto que la madre miró o en el cual ella puso su atención. La curación que daba doña Justina consistía en iriguar al niño, haciendo que un familiar lo tome en sus brazos los días martes y viernes, luego en forma de cruz lo pase sobre el animal o persona sobre la cual la madre se fijó en el defecto, pronunciando a la vez las palabras: “IRIGUA, IRIGUA, IRIGUA, IRIGUA” por repetidas veces, a la tercera o cuarta vez el niño quedara curado si se precede de la forma indicada.
Con el pasar de los años a Doña Justina le iba muy bien en su labor, pero como la vida y la salud no son eternas, un día la anciana cayó en cama victima de una rara enfermedad, lo cual fue visto con extrañes por los lugareños, ya que a ella no se le veía buen tiempo por el pueblo; así se corrió la voz de que estaba enferma y ante la preocupación de la gente fue visitada por los médicos de la provincia, quienes la encontraron en un estado muy delicado, luego de haber estado postrada en cama por varias semanas; estos se le acercaron a preguntar sobre su mal, para así intentar ayudarla; pero la ancana un poco obstinada y un tanto orgullosa, les dijo que se estaba tratando, que no se preocupen por ella, ya que pronto mejoraría.
Los médicos lograron convencer a la abuela de contar con su ayuda, procediendo a revisarla, analizando minuciosamente cada uno de sus síntomas; llegando a la conclusión de que esta se encontraba con un fuerte mal en los pulmones, por lo cual debían hospitalizarla sino esta moriría pronto; la abuela fue llevada al centro de salud, donde los médicos hicieron denodados esfuerzos por tratar de salvarle la vida, lográndola a su vez convencer de que no siga tomando sus extraños brebajes, los cuales no tenían ningún efecto ante una enfermedad tan avanzada. Doña Justina luego de estar al cuidado de los médicos por un buen tiempo logra restablecer su salud; así fue dada de alta y llevada a su casa, con lo cual la anciana quedó eternamente agradecida con sus salvadores.
Por lo sucedido doña Justina entendió que no todas las enfermedades pueden ser curadas con brebajes y remedios caseros, sino que estos solo pueden ser usados de emergencia para aliviar el dolor hasta que llegue el medico y determine el mal, pudiendo causar dichas preparaciones hasta la muerte, por la falta de eficacia de estos ante una enfermedad avanzada en el cuerpo.



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POR IR TRAS TU TAPA'O VISTE HERMANITO COMO TERNIMASTE


La verdadera amistad
no es la que se pinta con oro
sino la que con los años
en mi pecho atesoro.


Una mañana del mes patrio, dos hermanos se encontraban cuidando sus plantaciones de fréjol, el cual habían arrancado durante el día con mucho esmero y para no ser presa de malhechores, los dos decidieron pasar la noche en el lugar para cuidarlo; horas más tarde, los dos hermanos se encontraban postrados sobre la hierba, mirando el inmenso cielo estrellado, los cuales no podían conciliar el sueño; Pedro que era el mayor de ellos, comunicó su incomodidad a Juan su hermano menor; así que le hizo algo de conversación diciéndole:

- oye Juan, ya sabes lo que le pasó a Augusto

- no, que le ha pasado. Respondió él

- dicen que el otro día este se encontraba arando su tierra en compañía de su mujer, cuando de pronto escuchó el crujir de una vasija que provenía del suelo, así que no dudó ni un segundo en correr a traer su lampa para escarbar sobre la zona; ya que lo primero que se le vino a la mente, es que se trataba de un tapado; luego cuando él iba por su herramienta que se encontraba en el bordo de la chacra, su mujer se agachó y logró sacar parte de este con sus propias manos, ante la sorpresa de Augusto

- pero hermano, ¿quién te ha dicho eso? Preguntó Juan

- el mismísimo Augusto, por nuestra madrecita

- si es así que suerte ¿no? Hermano, con razón el otro día lo he visto, bien a los zapatos y a la ropa, debe ser un tremendo tapado

- ¿qué suerte? Más bien dirás ¡desgracia! Replicó Pedro. Su mujer por agacharse a recoger las monedas, la ha agarrado el antimonio y dicen que está en cama y no hay médico que la pueda salvarTexto - ah pobre, contestó Juan.

- así que mi hermano como decía nuestro padre “más vale pobre tosiendo que rico muriendo”, la plata no lo es todo en la vida y aunque no lo creas la maldita ambición, puede cambiar a cualquier hombre de esta tierra; bueno Juancito ya duérmete que mañana tenemos bastante trabajo.

Cuando de pronto, Juan divisó a lo lejos una candelita que bailoteaba sobre el bordo de la chacra contigua, así que alertó de esto a su hermano diciéndole:

- mira Pedro ¿qué es eso?,

El cual despertó asustado y dijo:

- no puede ser, creo que es un tapado y esa candela según lo que dicen es producida por el gas que emana del mineral, debe haber oro

Vamos se dijeron, entusiasmadamente.

Así que los hermanos se pusieron de pie y comenzaron a caminar apresuradamente con dirección hacia la misteriosa candela, cuando de pronto Pedro vio que su hermano menor le estaba sacando algo de ventaja, así que este se echó a correr, Juan para no quedarse atrás también tiró la carrera tras su hermano, lográndolo pasar nuevamente a este, así que a Pedro no le quedó más remedio que ponerle una zancadilla al entusiasmado Juan, quien cayó a una pequeña acequia; Pedro al estar cerca del supuesto tapado, se abalanzó sobre él gritando iracundamente ¡mío! ¡mío! ¡es mío! y grande fue la sorpresa de este al gritar nuevamente, pero esta vez de dolor a causa de las quemaduras que le ocasionó el supuesto tapado, que no era más que las brasas de una pajilla que habían sido quemadas por parte del vecino. Juan alcanzó a su hermano y no pudo aguantar las ganas de reír, al ver a este negro por la ceniza y con la camisa quemada por el fuego, diciéndole:

- pura boca no más eras hermanito, ya se te olvidó lo que nuestro padre nos decía
Pedro pidió una disculpa a su hermano sumamente avergonzado y con algo de molestia por el hecho, diciendo:

- ya vámonos a dormir, que mañana nos espera un largo día de trabajo, espero que nadie se entere de esto y que por esta noche no se hable más del tema, hasta mañana.



El oro en esta vida
dos cosas te puede dar
objetos con que distraerte,
saludos y besos de poca verdad.

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VIO USTED COMPADRITO QUE PARA PENDEJO NO HAY MEJOR QUE EL CAMANEJO


Allá por 1914, Raúl Ponce se encontraba a puertas de cumplir media centuria; el cual se preparaba para celebrarlo a lo grande con todos sus familiares y amigos, ya que este era muy querido por todos los pobladores del distrito de La Pampa. El cumpleañero para dicha fecha contaba con dos robustos cerdos, un borrego, dos pavos y tres gallinas; con los cuales pensaba preparar los más riquísimos platos.
Raúl en los días próximos a su fiesta, alimentaba esmeradamente a sus animales, cuando una tarde se apareció por casa su buen amigo Don Benito Fernández, alegrándose este por encontrar a su compadre dando jubilosos silbidos; comprometiéndose con él, a ayudarlo en lo que sea necesario y tener todo listo para la celebración.
Así llegó el día esperado y con el cantar del gallo, Benito fue a la casa de Raúl para ayudarle a degollar sus animales; luego los entusiasmados compadres se dirigieron a los corrales de la casa, para darse con la gran sorpresa de encontrar a todos estos tirados por el suelo, a los cuales les salía una rara espuma por sus hocicos y picos; lo que los llevó a pensar que habían sido envenenados. Raúl gritó de pavor ante la escena, al igual que Benito, quienes no podían creer lo que estaban viendo y a la vez se preguntaban espantados, ¿quién podría ser el autor de dicha atrocidad?; para ello Benito intervino diciendo:
- compadre solo alguien podría ser capaz de hacerle esto sabiendo que hoy se celebra su onomástico, que acaso ya olvidó usted quienes juraron vengarse por haberles ganado la última carrera de caballos; te acuerdas como reaccionaron cobardemente, para mí no pueden ser otros que los hermanos Zegarra
- ¿tú crees? Pregunto Raúl con cierta sospecha
- mire compadre, esta mañana cuando me dirigía a su casa, vi a los tres hermanos que se iban al parecer a “las Lomas”, los cuales al notar que venía hacía aquí, lanzaron un sinfín de carcajadas; así que estoy seguro de que fueron ellos.

Raúl se sentó en un tronco para pensar qué hacer ante la situación; cuando de pronto Benito tuvo una gran idea que lo hizo saltar de su sitio, diciendo:
- no se preocupe compadrito que nadie va a malograr su fiesta, esta noche va a haber comida y en abundancia se lo prometo; así que hágame caso, vaya a su casa y póngase ropa que nunca haya usado, un sombrero y una franela que le tape la cara, con el fin de que no se le reconozca; lo mismo voy a hacer yo, nos encontramos aquí mismo en una hora
- ¿pero qué vamos a hacer? Preguntó Raúl, algo desconcertado
- usted no se preocupe compadre, solo hágame caso y por el camino le explico, nos vemos en una hora. Se despidió Benito.
Así los dos compadres se encontraron en el lugar y hora pactada, vestidos como lo habían acordado, los cuales estaban irreconocibles por el aspecto de forasteros que llevaban; luego montando sus respectivos caballos se fueron con dirección al Cardo, lugar donde se encontraban las casas de los Zegarra, contando Benito su ingenioso plan a Raúl, el cual daría una lección a estos molestos paisanos.
Una vez estando allí se dirigieron a los corrales de los tres hermanos, luego comenzaron a tirar maíz remojado en vino a los animales, sin ser vistos por los familiares de los Zegarra.
La fiesta me quisieron joder
no saben la que les espera,
porque con este camanéjo
no se debieron de meter
Después de haber cumplido con emborrachar a los animales con la mezcla dada, los dos compadres se dirigieron a la plaza del distrito, donde hicieron un llamado de alerta a la población; para lo cual la mayoría de los cardeños contestó, dirigiéndose hacia ellos. Los dos amigos una vez que lograron reunir a toda la gente del pequeño pueblo, se presentaron como especialistas en enfermedades de animales de granja, los cuales fueron enviados de la ciudad de Arequipa para llevar a cabo un control, por motivo de que otras ciudades del departamento se encontraban infestadas con una temible epidemia y así cerciorarse si esta había llegado hasta nuestro valle; luego mandaron a todos los pobladores a revisar sus corrales, con la orden de que si veían algún animal de comportamiento extraño, estos sean traídos de inmediato ante ellos, para que así se los lleven raudamente a las afueras de la ciudad, donde serian quemados y con ello evitar el contagio. Rápidamente toda la gente corrió alarmada a sus corrales sin encontrar ningún comportamiento extraño en sus animales, a excepción de los familiares de los Zegarra; quienes vieron como sus animalitos no podían ponerse en pie, dando uno que otro paso para luego desplomarse; así Raúl y Benito ordenaron que esos animales sean traídos en su totalidad, al haber sido alcanzados por la temible epidemia; entonces los compadres tuvieron que hacerse de una carreta, al ser tal la cantidad de animales que habían recolectado, así se alejaron del lugar dejando vacios los corrales de los tres bribones.
Una vez lejos del distrito comenzaron a festejar y celebrar por haber burlado a los incautos familiares de los Zegarra, pasando luego por cada casa pobre del camino, regalando uno que otro animal, hasta que se quedaron con lo necesario para llevar a cabo la gran fiesta.
Los Zegarra, al llegar la noche retornaron a sus casas luego de haber tenido un arduo día de trabajo en “las Lomas”, sin dejar de regocijarse por haberle malogrado la fiesta a Raúl; una vez que llegaron estos, se dirigieron a sus corrales para guardar los caballos, cuando de pronto grande fue su sorpresa al no encontrar ni uno solo de sus animales, lo cual los llevó a pensar que habían sido presa de ladrones, para luego correr a sus casas a pedir una explicación de lo sucedido, donde sus familiares pusieron al tanto de lo acontecido ese día; los hermanos gritaron de cólera al darse cuenta que habían sido burlados, y que estos dos forasteros no podían ser otros que Raúl y Benito; así que enfurecidos tomaron sus caballos y se dirigieron a la casa del festejado, donde encontraron a toda la gente bailando y cantando de alegría, los cuales al ver a los tres hermanos no dudaron en tirarles las cabezas de sus animales sacrificados, burlándose de estos por habérsele dado una gran lección; por lo cual a los hermanos no les quedó más remedio que retirarse a sus casas, enfurecidos hasta los huesos.

Lo más rico en la vida es comer
más aun si lo que se hizo en las ollas,
uno no se preocupó en alimentar
ni hacer crecer.

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MI GALLO UN HERMANO, UN COMPAÑERO, UN AMIGO


El gallo que es bueno
de todas sale adelante
por mas difícil que la tenga
no hay vez que no se levante.


Esa mañana como todas, era inundada por el canto de numerosos gallos que aleteaban vigorosamente en sus jabas, anunciando el comienzo del día; este hecho era algo común en nuestra tierra allá por los años 30, donde la gente tenía una gran afición por las aves de riña en la modalidad de pico; tanta era la afición de estos, que no había casa en la cual su patio trasero no esté repleta de jabas, revolcaderos y por supuesto como no podía faltar un gran ruedo; en donde se preparaban o si se daba el caso, se daban las respectivas “chusqueadas” de los valientes luchadores; los cuales demostraban su destreza, en las arenas de los concurridos coliseos de la provincia.

Don Julián Benítez conocido criador del valle, se encontraba como todas las tardes en el patio de su casa, alimentando a sus queridas aves silbando una alegre tonada, cuando de pronto fue sorprendido por un fuerte dolor en el pecho, el cual lo llevó al suelo de forma abrupta; don Julián fue llevado al hospital aquejado por un pre infarto que por poco le quita la vida, según lo anunció trágicamente su médico; por lo cual se le mandó al paciente de regresó a casa, con la orden de guardar cama religiosamente.

Don Julián luego de este desafortunado incidente sentía que las horas se le estaban acabando, así que no dudó en llamar a su único hijo llamado Mateo, el cual al igual que él, era aficionado a los gallos como todo buen camanejo de esa época, para así confiarle la tenencia de un ave que era muy especial para el viejo criador, esta sería ni más ni menos que su finísimo gallo ajiseco; el cual don Julián después de una vida dedicada a la gallística y luego del cruce de innumerables líneas, creía tener el mejor gallo que sus ojos habían visto, confiándoselo a este, le dijo:

- hijo este es uno de los mejores gallos que han visto mis ojos, ahora que estoy por dejar este mundo, quiero que sea tuyo para que lo cuides y juegues a tu nombre; tengo la seguridad de que cada vez que quieras que este gallo te de la victoria, no te defraudara; pero eso si hijo mío, tienes que respetarlo por su gran nobleza y entrega, como yo hice en vida con todas las aves que tuve bajo mi cuidado
Luego de decir estas palabras, don Julián dio un profundo respiro y luego murió.

Así pasaron los meses y la tranquilidad de Mateo fue interrumpida por la repentina enfermedad de su esposa Melva, ya que con el tratamiento de esta, Mateo tuvo una serie de problemas económicos que lo estaban llevando a la desesperación.

Una mañana en que Mateo salió a caminar al patio de su casa, pensando en una solución para sus desdichas, fue que escuchó el bravo cantar del ajiseco regalado por su padre, con lo cual una gran idea se apoderó de su mente; Mateo se dispondría a preparar el magnífico gallo, para así hacerlo pelear en las fiestas de la provincia próximas a esos días, y con ello poder contar con algo de dinero que lo saque de su difícil situación.

Pasaron las semanas y el día del enfrentamiento había llegado, Mateo se dirigió al coliseo donde pelearía el fiero ajiseco que le regaló su padre; a la hora de la pelea, el orgulloso dueño se acercó al ruedo donde se aprestaría a soltar su gallo, al cual le tocaba pelear con un hermoso giro del reconocido galpón “vencedores” de la ciudad de Arequipa, para luego empezar la riña con la orden del juez; Mateo soltó al fiero ajiseco, quien se abalanzó sobre el veloz giro, propinándole una mortal y certera patada en el pecho, la cual le dio muerte en unos pocos segundos; Mateo saltó de alegría y elevó su gallo al cielo como muestra de agradecimiento a su padre por el regalo que le había hecho; así con el dinero ganado en la pelea, orgulloso gallero logró costear los gastos de la enfermedad de su esposa y otras desavenencias por las cuales pasaba.


Habrase visto mayor hermandad
que la nuestra compañero mío,
tu cantas porque has ganado
y yo canto porque eres mío.


Así pasaron los meses y el gallo ajiseco de Mateo comenzó a acumular victorias, motivo por el cual su dueño fue asediado por jugosas propuestas de compra de la famosa ave, de parte de los más adinerados galleros de la provincia; queriéndose pagar una suma nunca antes ofrecida por un gallo de pelea, pero Mateo no se dejó persuadir y continuó orgulloso al lado de su ajiseco.

Con el transcurso de los meses este afamado gallo, no encontraba rival alguno en Camaná, por lo cual Mateo se paseaba siendo respetado por sus triunfos; un día de esos el orgulloso dueño, se topó este en pleno coliseo con Don Pedro García, quién era un antiguo rival de su fallecido padre; el cual hace ya varios años polloneó a uno de los mejores gallos de éste y cuyo ganador luego de lo sucedido se burló de don Julián, ante su derrota; este episodio logró marcar la memoria de Mateo, quién lleno de ira se le acercó a este y sin pensarlo dos veces lo desafió diciendo:

- don Pedro, aun recuerdo el día en que usted se burló de mi padre, pero aquí estoy yo para defender su honor, así que si es muy hombre acepte una pelea con mi ajiseco o cree que es mucho gallo para los de usted

Don Pedro no pudo negarse ante tal atrevimiento, así que aceptó el desafío; Mateo corrió a su casa a traer al ajiseco, estando de regreso rápidamente; una vez frente al ruedo, entraron los soltadores para llevar a cabo el tremendo desafió; la gente se encontraba expectante y ansiosa por la interesante pelea; hasta que escuchó la voz de:

- ¡suelten los gallos!

El ajiseco de Mateo y el gallino de don Pedro se echaron a pelear, la riña estuvo pareja con una demostración de valentía y fiereza por parte de las aves; ante los gritos de emoción de todos los asistentes, que nunca habían visto tan emocionante contienda; después de un revoloteo el gallo de don Pedro cae gravemente herido a un lado del ruedo, dando Mateo fuertes gritos de emoción que saciaban su sed de venganza hacia el dueño del gallino; el ajiseco lo miró fijamente sin darle muerte a escasos pasos de él, hasta que el gallino haciendo honor a su raza, no podía dejar de luchar teniendo aun un ápice de vida; así que este se abalanzó sobre él ajiseco, quien también respondió al ataque y luego de este revoloteo, cayeron los dos gallos heridos de muerte a la arena, los cuales ante el asombro de la gente, murieron.

Mateo no podía creer lo que había hecho, con lo cual un fuerte remordimiento se posó en su conciencia, por haber hecho caso omiso a los consejos de su recordado padre y por cómo le había faltado el respeto a su querido gallo ajiseco, al cual lo jugó por una simple venganza y sin haberlo siquiera preparado. Mateo corrió hacia su fallecida ave tomándolo entre sus brazos como muestra de arrepentimiento, pero ya era muy tarde, el ajiseco había muerto y con esto la leyenda de este gran gallo había nacido.

Así comenzó Mateo su triste recorrido hacia el cementerio de la ciudad; donde al estar frente a la tumba de don Julián, pidió perdón con el ave entre sus brazos, para luego proceder a enterrarlo al lado de la tumba de este, lo cual le recordaría siempre a él y a la gente que conoce de esta historia, que se debe respetar la nobleza de los gallos, ya que estos dan sus vidas en los ruedos, para darnos la tan ansiada victoria.



Mi mujer y mi gallo
son los que más me han conocido
mi gallo por fiel
y mi mujer por perdido.


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AMORIOS EN CHULE, PATITAS PA' QUE LAS QUIERO


Porque tanto laberinto
ni tanta mueca por el color
si al final la sangre es roja,
blanco y puro nuestro amor.


A los alegres chuleños les sentaba bien el amor allá por los años 50, ya que este pueblo se caracterizaba por tener hermosas mujeres y hombres corajudos de gran valía, cuyo fruto de este sincero amor, dieron lugar a las futuras generaciones que hoy conocemos; pero si este amor era entre una joven chuleña y un forastero, dicho amorío no era bien visto por nadie del pequeño pueblo. Los celosos padres, hermanos y primos de la pretendida, hacían hasta lo imposible para acabar con esta unión y vaya que esto si era un problema, sobre todo si la pretendida sería nuestra querida Mechita, quien era la menor de los cinco hermanos de la familia Herrera; la cual ya pintaba sus bien agraciados 18 añitos y se había convertido en una hermosa morena de pelo rizado y fina figura.

Una mañana estando en casa, los hombres de la familia Herrera, se llevarían la sorpresa de sus vidas; al presentarse su hermanita por la hora del almuerzo de la mano con su novísimo pretendiente, el cual no era ni más ni menos que Juanito Benítez, un joven respetuoso e hijo de un rico agricultor de la provincia; quien se había quedado prendado ante los encantos de dicha morena.

Fue la primera vez que los miembros de la mencionada familia se habían visto las caras tan pálidas, por la impresión que esto les causó, ante la decisión de su hermanita de tener un novio ¡hay mamita ya se imaginaran!. Este muchacho contaba con la aprobación de la madre de Mechita, quien lo consideraba un buen marido para su hija, por ser este de una buena familia; ya que fue ella misma quien invitó a almorzar ese día al mencionado joven. Así que ni bien Juanito puso un pie en el comedor, todos los hermanos no dudaron en tratar de darle una lección, por haber osado meterse con su querida hermanita; por lo cual el joven no dudó ni un segundo en tirar la carrera con dirección hacia la calle; este hecho causó gran sorpresa y a la vez fue motivo de gracia por parte de los habitantes de Chule, quienes ya sabían de la suerte que correría quien ose siquiera mirar a esta joven; pasando luego a toda carrera por el distrito de San José, los cuales también disfrutaron jocosamente de la situación del desafortunado muchacho, siendo perseguido por los cuatro fornidos morenos, hermanos de la preocupada Mechita, por la suerte que correría su amado si era atrapado por estos; así se dirigieron hacia el pueblo con la suerte de que Benito contaba con una envidiable condición física, llegando a la plaza de armas, donde el muchacho se refugió en la casa de su padre, logrando ponerse a salvo.

Luego de varios días, los hermanos sin dejar de estar al tanto, si el mal visto joven osaba nuevamente acercarse, a la ahora bien custodiada muchacha; fue que una noche en que el menor de estos tuvo un mal sueño, quien luego se levantó y dirigiéndose al patio de la casa para tomar algo de aire fresco, sorprendió a su hermana en una entretenida plática con Juanito, el cual se valía de la altura de un árbol para ver a su amada; el celoso hermano al descubrir tal desfachatez, lleno de cólera ideó un plan para hacer desistir de su pretensión al atrevido, comunicando a sus hermanos de lo sucedido.

A la noche siguiente los cuatro hermanos de Mechita se prepararon para llevar a cabo su maléfico plan en contra del enamorado joven, quienes se anticiparon a la visita de este, que venía a pie solo por el camino, sin saber la sorpresa que se llevaría; fue así que los hermanos procedieron a meterse en sus respectivos escondites, luego el muchacho al pasar por la higuera que esta justamente en la misma curva antes de llegar a Chule, estos salieron de sus escondites dando fieros gritos, cubiertos con unas sabanas blancas emulando espeluznantes seres fantasmales, con lo cual Juanito no dudó en dar media vuelta y tirar la carrera muerto de miedo hacia su casa, no volviendo a aparecerse más por Chule, ni tampoco pasar por tal higuera, ni mucho menos pretender seguir en amores con su amada Mechita, ante tal impresión.

Este episodio fue realizado varias veces en este mismo sitio, conocido como “la curva de la blanca”, por la supuesta aparición que ahí acontece a los aventureros enamorados; lo cual no es nada más que una broma de mal gusto de un celoso familiar chuleño, hacia un pretendiente con quien no simpaticen.
Hay mamita ya los quiero ver,
porque esa negrita
como a este pechito
otro no ha de querer.

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CALDO DE GALLINAS ROBADAS


Que bailen y canten todos en febrero
que es mes del ño carnavalón,
mes donde mi tierra es una fiesta
se pinta y moja feliz el corazón.

En nuestra provincia, allá por el año 1905 los jóvenes de aquella época tenían como costumbre en sus noches de bohemia, elegir a una persona de su grupo ya sea con motivo o sin él, para que sea quien lleve a cabo una intrépida acción, la cual consistía en aprovechar la oscuridad de la noche, para hacerse de una apetitosa gallina de las tantas que abundaban en los patios de las casas de ese entonces y con ello disfrutar del dichoso “caldo de gallinas rodabas”.
Fue así que se dio la visita del limeño Pablo Arce, por motivo de la celebración del aniversario de nuestra provincia, el cual se sentía identificado con esta, ya que sus padres habían nacido ella; dicho joven se hizo de un grupo de amigos, con los cuales vivió un sin fin de aventuras en las noches de bohemia acontecidas en el valle.
Este grupo de jóvenes de la época conformado por Artemio Ramírez, José Chaparro, Juan Rospigliosi, Faustino Pinto, el limeño Pablo Arce y un conocidísimo nuestro el Dr. Don José María Morante, quien en sus años mozos de juventud no fue ajeno a las costumbres de la época. Los cuales pasaban sus días entre aventuras y noches de baile, haciendo gala de sus mejores trajes en las fiestas que se ofrecían en Camaná y sus distritos; bailando y cantando hasta ya no poder hacerlo más, sin dejar de cortejar a las bellas muchachas que se hacían presentes, para luego de una noche de júbilo, elegir al intrépido de la jornada, el cual se haría cargo de la cuestionada costumbre de robar la gallina para preparar el reponedor caldo de esa noche; esta costumbre era repudiada por la gente mayor del pueblo quienes no veían con buenos ojos tal comportamiento, al ser víctimas de la costumbre de los inquietos jóvenes.

El bribón de esa noche seria esta vez Faustino Pinto, quien se autoproclamó para llevar a cabo la hazaña, alardeando de su destreza en este arte como ellos mismos lo calificaban y por ser el llamado líder del grupo; así que sin pensarlo dos veces y haciendo gala de una envidiable condición física, este pegó un salto y en pocos segundos burló la pared sin hacer mayor esfuerzo, luego de unos minutos, estuvo de vuelta con la gallina muerta bajo el brazo; los jóvenes se retiraron a la casa del autor de la proeza, sin dejar de comentar sobre todo lo acontecido esa noche: sus amores, desamores, contentos y descontentos entre otras cosas.
Buen provecho se decían y no se escuchaba palabra alguna, hasta que los platos quedaban totalmente vacios, felicitando claro está, la destreza del cocinero, quien modestia aparte atribuía el riquísimo sabor de la preparación al hecho de que esta gallina sea robada y no a su sazón, lo cual era motivo de risa para todos.

Qué rica la gallina de don Carlos
gordita y pechugona
pero más deliciosas me parecen
sus hijitas Marianita y Ramona.

Casi sin avisar llegaron los carnavales veraniegos y en una fiesta ofrecida el mismo 15 de febrero que era cumpleaños de don Román Salazar, este invitaba a su casa a los jóvenes de la época, donde luego de almorzar salían a jugar con los ya desaparecidos polvos “magnolia” y botellitas de agua florida; allí también había una gran mesa llena de apetitosas frutas, las cuales por medio de la algarabía, se convertían en parte del juego de los jóvenes; luego en medio de la fiesta estos muchachos aprovechaban para cortejar a las bellas señoritas, como lo hizo un día de esos Pablito Arce, el cual quedó impactado por la belleza de una muchacha de nuestra provincia, solo que la joven a la cual él pretendía era ni más ni menos que Marianita Granda, quien ya enamoraba varios años con Faustino Pinto; el mismo que ese día fue puesto al tanto de la pretensión del forastero amigo; así que por la amistad que había entre ambos, el supuesto ofendido increpó de buena manera a Pablo, creyendo que no se trataba más que de un malentendido, como lo afirmó el mismo visitante, dándose estos la mano y pasando el incidente por alto.
Así pasaron los días y Faustino fue una tarde a visitar a Marianita como ya era costumbre, acercándose a su ventana donde después de tocar esta con unos golpes característicos, se presentó la muchacha hecha una fiera increpándole a este por haber supuestamente hablado mal de ella, en cuanto a su comportamiento jovial con los demás hombres; la ofendida joven luego de enterarse del hecho no quería volver a ver a su sorprendido enamorado. A Faustino le causó gran sorpresa lo dicho por su enfurecida amada, hasta que por fin logró tranquilizarla y luego de esto, le pidió que por favor le dijera quien le había dicho tales cosas, de las cuales él negaba ser el autor; hasta que Mariana luego de unos minutos, ya más tranquila y dudando sobre lo antes dicho por parte de su enamorado; decidió decirle quien le había contado tal cosa; así mirando a los ojos a Faustino le dice:
- fue Pablo, tu amigo
- ¡pero qué cosa!
Dijo el joven, el cual no podía creer que su supuesto amigo sería capaz de llevar a cabo tal acto; luego los dos siguieron conversando sin dejar de mencionar lo sucedido y por supuesto con Mariana ya completamente convencida de la inocencia de su novio.
Pasaron los días y Faustino se encontraba ideando un plan para vengarse de su supuesto amigo Pablo, así que a la semana siguiente el joven contó de lo sucedido al resto de amigos, pidiendo a estos que por favor lo ayuden a llevar a cabo su venganza, los cuales accedieron gustosos; horas más tarde llegada la noche, luego de bailar y cantar como era costumbre, los jóvenes se retiraron a sus casas contentos por ser esta, la última fiesta de carnavales del año, después de haberse divertido tanto y donde no podía faltar la intrépida costumbre; así que Faustino señaló a Pablo como el elegido para llevar a cabo la proeza de esa noche, quien tomó la designación con gran asombro, pero este no podía rehusarse a tal elección.
Así llegaron a la parte trasera de una casa y Faustino dijo:
- aquí es, así que suerte mi amigo
Pero esta casa no sería ni más ni menos que la de los padres de Marianita, a lo cual el joven accedió al no saber quién era dicho propietario; una vez estando allí adentro y valiéndose de la oscuridad que reinaba esa noche, el joven logra sacar una gallina de su corral, cuando de pronto se escucharon una serie de bulliciosos ruidos dados por los otros animales del corral, producto de numerosas piedras que caían sobre ellos, acto seguido por una serie de risotadas por parte de los jóvenes, quienes a la vez gritaban ¡ladrón! ¡ladrón! desde las afueras de la casa. Este hecho despertó al padre de Mariana, quien salió provisto de una gran escopeta, pensando que se trataba de un malhechor que intentaba apropiarse de uno que otro animal de su corral; de pronto el joven emprendió la huida, tropezando en la oscuridad de la noche y preso de la desesperación fue atrapado por el señor dueño de casa, ante la sorpresa de todos sus familiares que despertaron con el ruido, para luego este conducir a Pablo al puesto de guardia.
El asustado muchacho fue recluido toda la noche, sin dejar este de dar gritos de inocencia e intentar explicar lo sucedido; el grupo de jóvenes, amigos de Faustino al enterarse de lo acontecido, se felicitaron por haber logrado su propósito de dar su merecido al irrespetuoso y desleal Pablo, quien al día siguiente avergonzado por el hecho, partió hacia su ciudad natal.


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martes, 14 de septiembre de 2010

EDUCACIÓN, HAY MAMITA LA DE MIS TIEMPOS


Firmes, descanso y atención
que entró el maestro al salón,
al que no siga la orden
le caerá su coscorrón

Cosa curiosa me pareció el enterarme, que cuando mi padre y abuelo pasaron sus tempranas vidas por las aulas del colegio, estos sufrieron más de uno y mil problemas, con los ejemplares castigos que les imponían sus maestros de escuela, propios de la educación de aquellos tiempos; para así reprocharme diciendo:
- ¡educación, la de mis tiempos!
Es que si bien es cierto, la rigurosidad con la que ellos fueron tratados en los años en que recorrieron aulas, recibiendo castigo y todavía del bueno, es digno de comentario y admiración; para yo más bien agradecer, el no haber padecido tan severas y drásticas técnicas educativas. Así que como remembranza a esa frase “educación la de mis tiempos” es que procedo a contarles esta costumbre, que a su vez está inspirada en un relato del Dr. José María Morante, el cual fue un destacado alumno en su momento, para luego convertirse en un recordado maestro que formó en aulas a grandes generaciones de jóvenes de nuestra provincia, cuya educación como el mismo narra me hace recordar los sermones de mis ascendientes y a la vez también apreciar el periodo evolutivo educacional, del cual los jóvenes de mi época gozamos.
Así comienzo a contarles sobre don Carlos Zúñiga, educador que nació a los pies del Misti, de quien se dice fue por demás severo, riguroso y recto; como a la vez un hombre muy trabajador. Igualmente lo vivió en carne propia, el autor de nuestra monografía y su fiel compañero de estudio don Pedro Cárdenas, quien años más tarde se convertiría en uno de los hombres más reconocidos de nuestra provincia; quienes luego de cometer una que otra travesura fueron víctimas de la palmeta, el látigo y la regla; con la que se castigaba a los niños de ese entonces que cometían un acto de indisciplina, producto de la inquietud de su niñez.

Una mañana de clases, ni bien sonó la campana del recreo, el inquieto Pedrito se percató de la presencia de un burrito que se encontraba en un rincón del patio, pastando tranquilamente; así que este no dudó en desatarlo y darle una que otra palmada, para lo cual el borrico salió a toda marcha por el local del plantel, ante las risas y gritos de los niños presentes.


Niño travieso pata de judas
quedate quieto,
que ahorita te chapo
del pescuezo y te lo aprieto

El animalito corrió y corrió ante el asedio jubiloso de Pedrito y sus compañeros; seguidamente el asustado burrito se dirigió hacia el aula del quinto grado, donde la maestra de escuela Victoria Gutiérrez se encontraba dando clases, asustando a todos en el recinto; luego para colmo de males este animalito atendiendo al llamado de la naturaleza y empeorando la situación, ensució el piso del aula, ante la sorpresa de todos; la maestra alzó la voz y dio un grito diciendo:
-¿Quién es el culpable de esto?
De pronto un gran silencio se apoderó del salón de clases y una a una las miradas se fueron dirigiendo hacía Pedrito, quien llegó con sus compañeros de travesura al aula en mención; la maestra dirigiéndose al supuesto autor, le dijo:
- voy a dar parte de esto a tu maestro
El niño pensando que la travesura no había terminado. Respondió:
- no le dé parte, mejor désela toda, ya que mañana es cumpleaños de este y creo le hará falta un buen pastel
Haciendo referencia a lo expulsado por el animal, lo cual fue motivo de risas por parte de los alumnos y del mismo Pedrito, que no se percataba aun de la magnitud de su travesura.
Por lo sucedido el intranquilo niño fue llevado a rendir cuentas por su comportamiento ante el director de escuela y su maestro don Carlos Zúñiga, quienes le increparon por su conducta, diciendo:
- Pedrito ¿otra vez tu?, dime ¿porque te comportas de esa manera?
El niño mostrando algo de arrepentimiento, levantó su cabeza dirigiéndose a sus educadores pidiendo una disculpa a estos; los dos maestros se miraban sorprendidos al ver que este pequeño, había sido capaz de causar tremendo alboroto. Tratando de pensar en un castigo ejemplar, el cual logre enderezar la conducta del travieso; entonces los educadores acordaron imponerle la sanción, el día lunes siguiente.
Pedrito sabía que el día sábado se celebraba el onomástico de su maestro don Carlos y que este, tenía la costumbre de premiar a los alumnos que ese día le llevaban obsequios, otorgándoles respectivas tarjetas de disculpas, pensando que así estas aliviarían en algo su castigo. Llegado el día esperado por los alumnos del cumpleañero uno a uno iban apareciendo estos, provistos de patos, gallinas, pavos, camotes, pocos de frejol entre otros obsequios; los cuales eran bien recibidos por el maestro y con ello entregadas a su vez, las deseadas tarjetas de disculpas, las cuales valían doblemente si estas llevaban su firma al ser canjeadas por algún animal, como dicha autoridad lo señalaba y una disculpa por cada poco de arroz, frejol o algún otro producto, cuya tarjeta de disculpa no tenía la rúbrica del maestro; el travieso niño no podía dejar pasar esta oportunidad, así que este juntó la mayor cantidad de obsequios en compañía de su fiel amigo José María quien apoyó a su compañero en esta misión.
Así llegado el mediodía del sábado, los dos muchachos tenían en su poder dos gallinas, dos patos, un pavo y un poco de camote; con lo cual Pedrito creía que sería más que suficiente, para suplir el castigo que le impondría su maestro, recaudando cinco tarjetas con sus respectivas firmas y una sin ella; luego al momento de repartir las tarjetas de disculpas, Pedrito insistió en que su buen amigo se quedara con una de las once disculpas que lograron obtener, guardándose para el tan solo diez; exigiendo este a José María para que conserve una para su uso personal; a lo cual el niño se rehusaba, por creer que esta le haría más falta a su compañero, para lo cual Pedrito le replicó diciendo:
- mi buen amigo, mejor guárdalo para otra ocasión en que te haga falta, yo creo que con las diez disculpas que cuento, son más que suficientes.
Llegado el día lunes, Pedrito fue llamado al pupitre del maestro Zúñiga, donde el niño pidió las disculpas correspondientes y presentó sus tarjetas de disculpas recaudadas, creyendo que con ello quedaría todo zanjado; pero esto no fue así, ya que el maestro le dijo:
- mira Pedrito para que te libres de esta sanción, necesitas cuanto menos veinte disculpas, ya que tu travesura ha sido tremenda y tu solo cuentas con diez, así que atente a las consecuencias. Pedrito no sabía qué hacer, dada la noticia por parte del maestro, pero de pronto se le ocurrió una gran idea; así que le dijo a su maestro don Carlos:
- bueno profesor sé que me he equivocado, lo reconozco pero por favor permítame atenuar mi situación haciéndole una pregunta de ciencias naturales que no me ha quedado clara, si usted no me contesta me tendrá que dar diez disculpas con las cuales yo saldré bien librado; pero si me contesta entonces yo le otorgaré una de mis disculpas y me quedaré con nueve, agravando mi situación.
El maestro lo pensó por unos momentos y creyendo en el arrepentimiento del muchacho accedió a su petición diciendo:
- haber Pedrito más vale que tu pregunta sea buena, así que comienza
- ¿Cuál es el animal que sube a las lomas en dos patas, una vez que llega, lo hace con tres, de regreso baja con cuatro y cuando llega lo hace con cinco
El maestro pensaba que esto se trataba de una agarrada, así que lo pensó y pensó ante la sorpresa de todos los alumnos presentes que veían en la cara del instructor cierto desconocimiento ante la pregunta hecha, este luego de un momento de silencio se dio por vencido y dijo a Pedrito:
- la verdad, no sé la respuesta
El niño al escuchar esto corrió alegremente a su lugar a abrazar a sus compañeritos que gritaban alegremente; Pedrito rápidamente se dirigió a José maría y le dijo:
- dame por favor la tarjeta con la disculpa que te entregué
- pero para qué la quieres. Replicó el muchacho
- que no te das cuenta que esto todavía no ha terminado
José María procedió a dar su única disculpa a Pedrito, cuando de pronto un fuerte golpe de tableta sobre el pupitre dejó a todos pasmados, era el maestro Zúñiga quien intervino, para que Pedrito le de la dichosa respuesta; el avispado alumno que se le acercó y le dijo:
- bueno maestro yo ya cumplí mi parte del trato, porque usted no supo dar una respuesta a mi pregunta, así que mi castigo ha quedado olvidado por las veinte disculpas que he logrado conseguir
- ¿Así? todavía esto no se acaba, me tienes que decir la respuesta
El niño se le acercó al maestro diciéndole:
- bueno, yo también voy a cumplir mi parte del trato y como se lo prometí le entrego una de mis disculpas porque yo tampoco se cual es ese animal, ni siquiera sé si existirá
El aula quedó perpleja ante la respuesta de Pedrito, mientras todas las miradas apuntaban al maestro Zúñiga, cuando de pronto una gran carcajada brotó de los labios del maestro, quien en sus años de ejercicio no había visto un niño con tal ingenio y osadía; así que este decidió perdonar al muchacho mandándolo a su asiento, sin dejar de pensar en la lección que el intrépido niño le había dado, pensando en que no siempre reza el dicho que dice: “mas sabe el diablo por viejo que por diablo”, esta vez creo que claramente no fue así.

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PA’ QUE COMPADRITO, PA’ QUE


Dejame tranquilo compadrito
que acá yo soy feliz,
al lado de mi gente camaneja
tengo todo lo que vos no tenis

Don Pedro Pablo Rodríguez modesto agricultor de nuestro valle, se preparaba una tarde del mes de febrero para recibir a su extrañado compadre Felipe Valdivia, el cual era oriundo de Camaná pero dejó este su ciudad natal hace ya varios años, para buscar suerte en la capital. Una vez llegado el compadre fue recibido por la familia de Don Pedro Pablo con grandes muestras de cariño, haciendo estos una gran fiesta en su honor, en la cual se comieron los más ricos potajes de la zona y se bailó hasta altas horas de la noche.
Al día siguiente los dos compadres fueron a dar una vuelta por los campos de cultivo de Pedro Pablo, luego de caminar por un buen rato se recostaron bajo la sombra de un frondoso sauce, donde Felipe le dice a Pedro Pablo:
- y usted compadre hasta cuándo va a estar acá con lo mismo, ya pues agarre sus cosas y vámonos a Lima.
- y pa’ que. Contestó tímidamente Pedro Pablo
- ¡como que para que! a mí me va de maravilla, trabajo tengo en abundancia ahora el dinero no me falta, me doy todos los gustos que quiero y puedo venir unas cuantas semanas a mi tierra para descansar tranquilo.
Luego que terminaron la conversación se dirigieron a la casa de don Pedro, donde el compadre Felipe toda la semana que estuvo de visita continuó tratando de convencer a Pedro Pablo de su gran dejar Camaná, a lo cual él contestaba con un simple ¡y pa’ que! lo cual volvía loco a Felipe, quien no entendía el porqué de la negativa de su compadrito; hasta que este se despidió el fin de semana que terminaban sus vacaciones, para regresar a la capital prometiendo volver.Al siguiente año, volvió el querido compadrito Felipe, siendo nuevamente bien recibido por la familia de Pedro Pablo. A los días de su llegada el ahora adinerado compadre es invitado a pescar por el dueño de casa, dirigiéndose luego estos a la playa, donde atraparon dos hermosos lenguados y después de un reconfortante baño antes de regresar a casa, Felipe volvió a decir a Pedro Pablo:
- y usted compadre hasta cuándo va a estar acá con lo mismo; ya pues agarre sus cosas y vámonos a Lima
Para lo cual y ante la sorpresa de Felipe, Pedro Pablo le contestó con un apacible y calmado:
- y pa’ que
- ¡como que para que! míreme a mí; este año formé una prospera empresa, en la cual tengo a más de veinte hombres a mi cargo, dándome esta buen dinero, hasta me di mi tiempo para venirme unas semanitas a mi tierra y así pasarla bien alado de mi esposa
Minutos más tarde los compadres emprendieron el regreso a casa, para lo cual Felipe en todo el transcurso del camino trató de convencer de las mejorías que tendría su hospitalario compadrito en la capital, pero este nuevamente le contestaba de manera sarcástica con un repetitivo “pa´que”, mortificando al invitado; hasta que pasaron los días y Felipe tuvo que regresar a Lima, pero esta vez fue Pedro Pablo quien invitó a este a venir de visita el año siguiente y también le dijo:
- óigame compadre a su regreso hablaremos de ese asuntito de la capital que tanto le interesa
Así estos dos se despidieron con un fuerte abrazo.
Con la llegada de las próximas vacaciones se dio el regresó del esperado compadre, al cual recibieron con una gran cena, donde se sirvieron apetitosos platos para la ocasión, los cuales comieron hasta estar más que satisfechos; días más tarde Pedro Pablo invitó a Felipe a traer camarones del río, por ser temporada, así los dos compadres una vez estando con su cesto lleno de este preciado crustáceo, decidieron retirarse ;luego por medio del camino rumbo a casa, Felipe volvió a decir a su compadre lo mismo que le dice cada año:
- y usted compadre hasta cuándo va a estar acá con lo mismo; ya pues agarre sus cosas y vámonos a Lima
Pedro Pablo no desaprovecharía la oportunidad para decir su ya conocida frase, que molestaba tanto a su compadre diciéndole:
- y pa’ que
- ¡como que para que! si Lima es lo máximo; este año mi empresa ha crecido mucho mas y ahora hemos abierto una sucursal en otra ciudad importante, soy un hombre respetado allí, el dinero no me falta y hasta me compré mi propio carro para viajar hasta aquí, y poder estar con mis hijos que querían pasar las vacaciones conmigo; no se le olvide que el año pasado al despedirnos me dijo usted que hablaríamos de este tema, que cree que ya lo olvide, no señor.
- a Lima irnos y pa’ que; jajajajajajaja. Le contestó Pedro Pablo soltando una gran carcajada
- no se ría compadre que no es broma, es una concreta proposición
- mire compadrito le voy a contestar como se lo prometí, aunque la respuesta ha estado siempre frente a sus ojos. Hace tres años que viene y nos visita en sus cortas vacaciones; el primer año que vino, usted me dijo que se la paso trabajando y que solo pudo venir por unas semanas, así que para mi usted perdió, al estar lejos de su tierra que tanto añora; el segundo año que vino de igual manera me contó que su negocio creció y que al fin se pudo dar una escapada para descansar al lado de su esposa, para mi compadrito usted perdió de nuevo, porque por estar trabaja que trabaja, no le da el tiempo que se merece su amada señora; este año que nos visita, por estar más en otra ciudad que en su casa, sus hijos no lo ven como un gran padre como debería ser, entonces de igual manera usted también perdió; por eso compadrito espero que me entienda porque le decía tanto “pa’ que” para pasar por todo eso que usted está pasando y consolarme con tener los bolsillos llenos, no “pa’ que”.
Mire compadrito, tal vez usted no se dé cuenta pero yo también he crecido, tengo a mi lado una esposa y tres hijos con los cuales comparto mis días viviendo todos felices, tengo grandes y productivas extensiones de tierra, más de treinta hombres a mi mando los cuales me aprecian y respetan, también cuento con muchísimos animales que se reproducen en gran número; razón por ello es que en ningún momento he pensado en dejar mi hermosa tierra, a la cual usted viene unas cuantas semanas al año para recién sentirse un hombre feliz, no ve compadrito por eso ahora y siempre le voy a contestar “Y PA’ QUE”.

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LA NOBLEZA DEL CABALLO BLANCO


En las lomas que se encuentran frente a Habitad La Pampa, allá por 1935 se encontraba la majada de Don José Gabriel Calderón, quien como todos los años a finales del mes de abril se mudaba a este lugar, con una veintena de cabezas de ganado, caballos y uno que otro borrico. Una vez elegido el lugar dentro de su dominio, este procedía a construir su improvisada choza, con varas o palos colocados en forma piramidal y cubiertos con esteras de totora para que discurra el agua hacia los lados; al costado de esta casa se instalaba un pequeño corral, donde se tenían a los animales y junto a este un pozo de agua limpia destinada para el consumo humano.
Una mañana en que la niebla solo dejaba mirar un par de metros más allá de las narices, a lo lejos se escuchó un fuerte ruido que hacía estremecer la tierra, el cual cada vez se hacía mas y mas fuerte; fue así que Don José Gabriel divisó a escasos metros de donde se encontraba, el paso de una manada de caballos salvajes, con un gran semental alfa de color blanco a la cabeza, al cual el resto de equinos seguía; este animal terminó por asombrar a don José Gabriel por su imponente presencia, fuerza y hermosura, hasta que se alejaron velozmente de las cercanías de la majada. El viejo lomero se quedó anonadado y no dudó en querer hacerse de este hermoso corcel, al cual siguió viendo varias veces por las cercanías de su propiedad.
Que hermosura de animal
lo que ven hoy mis ojos
el tiene que ser mío
y más bien, no de otros.
Días más tarde don José Gabriel no dudó en organizarse con un grupo de hombres de la zona, conocedores de este tradicional oficio, con los cuales se dispuso a tratar de atrapar al preciado animal. Una vez listos los lomeros provistos de sogas y montados en fornidos caballos, comenzaron a patrullar el área, hasta que divisaron la manada del dichoso corcel bebiendo en un ojo de agua cercano, por lo cual todos procedieron a correr tras ellos por los flancos y por la parte trasera de manera organizada para evitar que se escapen, con el objetivo de llevarlos al cerro de “Pano” donde se encuentra el viejo faro, lugar donde estos animales eran acorralados facilitando su captura; luego como por obra del señor a escasas lomadas del lugar la espesa niebla se hizo presente y estos tuvieron que suspender la operación.
A la semana siguiente se volvieron a reunir los amigos y comenzaron a patrullar el mismo ojo de agua, donde vieron la última vez a la escurridiza manada, sin tener éxito, por lo que decidieron renunciar a su propósito ese día también. Una vez que se separaron, Don José Gabriel se dirigió a su majada, cuando de pronto a escasos metros de esta, se encontraba pastando la manada de caballos que tanto buscaban, él se acercó sigilosamente y logró lazar con una maestría envidiable al hermoso caballo blanco, lo cual causó que los otros miembros de la manada corrieran despavoridos, el atrapado animal procedió a defenderse ferozmente, arremetiendo contra don José Gabriel, dándole fieras mordidas y una mortal patada en el pecho, lo cual lo dejó mal herido e hizo que este dejara en libertad al animal.
Días más tarde los lomeros se reunieron en la majada de don José Gabriel, el cual contó su desafortunado encuentro con este imponente corcel; así que nuevamente decidieron salir a patrullar la zona con el mismo propósito, hasta que por fin estos lograron divisar a la gran manada, luego mirando al cielo exclamaron:
-¡ahora ya no hay niebla que los salve!
Así todos corrieron siguiendo el plan establecido, hasta que llevaron a unos 5 caballos junto al hermoso blanco alfa al lugar donde estaba el faro, por lo cual los caballos se vieron atrapados, al seguir a este un escarpado precipicio de considerable altura; luego don José Gabriel anunció que daría una fuerte suma de dinero a quien atrape al caballo blanco, por lo que se dejó escapar a los otros corceles, así procedieron a tratar de lazar al animal lo cual parecía imposible, ya que este se defendía de manera impresionante danto feroces patadas y mordidas a los intrépidos, el caballo una vez acorralado y al verse presa del cansancio, miró hacia atrás encontrándose a escasos metros de caer al acantilado; fue así que para sorpresa de todos, este tomó la decisión de aventurarse por el escarpado cerro, ante la mirada atónita de sus perseguidores, quienes dijeron:
- ya se mató este animal, no creo que llegue vivo a la playa
Luego de esto, los sorprendidos lomeros pudieron ver como este intrépido corcel con una habilidad poco usual, burló las rocas llegando a la playa sin ningún rasguño, los cuales no podían creer lo que había logrado este animal para no ser atrapado; entonces se oyó el grito:
- ¡bajemos a la playa!
Así que por una ladera a un kilometro de allí, bajaron a perseguir al escurridizo caballo, hasta que nuevamente lo tuvieron acorralado en la playa denominada “la arrinconada” lugar en el cual el cerro y el mar se unen, donde el caballo se vio nuevamente atrapado por los lomeros; y este como último recurso se aventuró hacia el mar para no ser capturado, poniendo en riesgo su vida por la posibilidad de ser tragado debido al fuerte oleaje; Don José Gabriel sorprendido por la bravura y fuerza del animal quien antes de ser atrapado prefería la muerte, pidió a todos que desistieran con su propósito, al pensar este, que el hermoso corcel merecía ser libre por la lucha que había dado; entendiendo en ese momento que hay seres que habían nacido para ser libres y no debían ser atrapados jamás; para luego ordenar la retirada del lugar.
Semanas más adelante don José Gabriel se despertó muy temprano para empezar con sus labores diarias, cuando a escasos metros de su majada vio al hermoso caballo blanco pastando solo, quien relinchaba mirándolo directamente, como efectuando un saludo a este, quien en vez de querer nuevamente capturarlo, solo atinó a sentarse a contemplar la belleza de este hermoso animal. Este corcel se hizo de fama en Camaná y en los años venideros, muchos hombres intentaron atraparlo, viendo sus intenciones fallidas en presencia de don José Gabriel, al cual acudían a consultar sobre la manera de quedarse con este dichoso caballo, para responderles a todos lo mismo:
- no pierdan su tiempo, porque tal cosa es imposible. Es más fácil atrapar el viento que viene del mar, que lograr que el alma de ese animal se dé por vencida, ese corcel nació para ser libre y así lo va a ser siempre.


Libre como el viento
así lo manda tu naturaleza
tú te lo has ganado
con tu valentía y fiereza

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DOÑA FLORENCIA LA VOZ DEL PUEBLO, ¿HASTA CUANDO? SOLO DIOS LO SABE.




En Camaná allá por el año 1900 se suscitó un hecho pintoresco y la vez inusual, en donde se vio envuelto el alcalde de nuestra provincia don José Mariano Zúñiga; a quien se le acusaba de malversar fondos del municipio, hacer favores políticos a familiares y amigos entre otras imputaciones; lo cual terminó por molestar a los pobladores; quienes mediante coplas, rimas e inscripciones en fachadas daban a conocer su descontento con dicha autoridad, disgustando este hecho a la vez al ilustre.
Una mañana en que la autoridad se encontraba lleno de furia por las injurias hechas en su contra, este no dudó en mandar a apresar a los autores de dichas inscripciones; lo cual cumplió haciendo capturar a algunos hombres a quienes se les acusaba de conspiración en contra de su mandato, pero en realidad estos ni siquiera habían hecho tal cosa, ni mucho menos eran los autores de los dichosos insultos, sino mas bien tuvieron la osadía de dirigir su mirada a la autoridad de manera desafiante, lo cual fue el verdadero motivo de sus aprehensiones.
Don José Mariano todas las tardes transitaba la tranquila calle del jr. 28 de julio, partiendo este desde el local concejal hasta su domicilio, pasando luego de unas cuadras por la casa de Doña Florencia Pastor, quien era una pícara y vivas abuelita, la cual estaba muy molesta con dicha autoridad por haber este mandado a cortar un árbol que ella plantó en su puerta hace ya algunos años atrás; así que la nonagenaria rápida en ingenio y terca en capricho, cada tarde esperaba recostada en su gran sillón de paja disfrutando de los últimos rayos de sol que caían sobre su rostro, el paso de dicho personaje por su frentera, la cual al ver al fulano comenzaba a gritar con las pocas fuerzas que le quedaban en la vida:
-¡que muera el alcalde! ¡que muera el alcalde!..........


Acto seguido de una serie de risotadas por parte de los vecinos y curiosos que por ahí se encontraban, lo cual molestaba y llenaba de impotencia a la aludida autoridad, dadas las burlas hechas por la pícara abuelita.
Esto hecho fue de conocimiento de los pobladores de la provincia, quienes se aprestaban cada tarde en las inmediaciones de la casa de doña Florencia a la hora que pasaba el mentado funcionario, donde siempre se repetía el mismo cuadro, lo cual era del agrado de los curiosos, al ver la molestia del mandatario y a la vez sentir que de alguna manera sus protestas estaban siendo escuchadas. Y de qué manera todavía.
El alcalde ante este hecho decidió hacer apresar a la abuelita y cuando se dispuso a llevar a cabo su propósito, el pueblo se levantó en plena casa de la anciana; pero esto no fue impedimento para que Doña Florencia sea conducida al puesto de guardia; donde el alcalde en presencia de la autoridad policial interrogó a la abuelita, increpándole por su conducta diciéndole:
- niegue usted ahora que todas las tardes se las pasa gritando: ¡que muera el alcalde! ¡que muera el alcalde! ¡que muera el alcalde!
A lo que la abuelita respondió con una paz y tranquilidad única:
- “que dios lo oiga hijo mío, que dios lo oiga”
Esto motivó la risa de los guardias y curiosos ahí presentes, así que al alcalde no le quedó más remedio que retirarse en medio de las pifias hechas por los pobladores en las afueras del puesto de guardia, para luego liberar a la entonces aclamada abuelita.
Así pasaron los días y este hecho se seguía repitiendo infinidad de veces, todas las tardes que el alcalde pasaba por la casa de dicha anciana, lo cual le causaba cada vez mayor molestia; hasta que un día el alcalde no soportó más y para ya no ser el blanco de las burlas, se dirigió a la casa de la nonagenaria en compañía del padre Juan, quien era el respetado padre de la parroquia y se suponía que por la investidura de este, podría tener alguna injerencia en la conducta de la abuelita, para así de una buena vez convencerla de que cese con sus burlas. Una vez frente a Doña Florencia los dos personajes, la molesta autoridad interrogó nuevamente a la abuelita diciéndole:
- haber niegue usted lo que grita todas las tardes ¡que muera el alcalde! ¡que muera el alcalde!
Para lo cual nuevamente la abuelita contestó de la misma manera:
-“que dios lo oiga hijo mío, que dios lo oiga”
Ante este hecho las risas y burlas por parte de los presentes no se hicieron esperar; así que una vez mas el alcalde emprendió su partida en compañía del padre Juan, quien lo tomó del brazo tratando de tranquilizarlo y le dijo:
- mire señor alcalde, yo conozco a Doña Florencia por muchos años y creo que es una buena mujer, si ella está haciendo esto es por que en algo malo debe estar andando usted y según la conozco no creo que ella pare en su afán de molestarlo, hasta lograr su cometido.
Así pasaron los días y este hecho se seguía repitiendo a diario en la frentera de Doña Florencia, lo cual hizo recapacitar al alcalde, el cual cambio sus malos hábitos en su labor edil y empezó a proceder de mejor manera, convirtiéndose en un alcalde honesto y trabajador; pero lo sorpresivo de este hecho, fue que el alcalde una vez actuando supuestamente de acuerdo a ley y como dios manda; doña Florencia seguía como todas las tardes burlándose de él, gritando a viva voz:
- ¡que muera el alcalde! ¡que muera el alcalde!
Así que a este no le quedó más remedio que hacer caso omiso a las injurias lanzadas por la anciana, para luego resignarse y pensar que este hecho le recordaría siempre lo mal que se comportó alguna vez con su pueblo, así que lo único que le quedó por hacer fue contestar con un cariñoso saludo a la pícara:
- “buenas tardes doña Florencia, muy buenas tardes”
Esto como muestra de agradecimiento por haberlo convertido en una mejor persona y un buen alcalde para los pobladores de la provincia.
Los años de la vida te dan
sabiduría e ingenio
que hasta al mismo diablo
hacen cambiar de genio.

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AMOR DE HUACHANACO


A comienzos del siglo XX, con la llegada del mes de febrero los carnavales no se hacían esperar, los jóvenes de espíritu entusiasta comenzaban a prepararse para ser parte de esta alegre fiesta, formando para ello las cuadrillas que ese año cantaran los galantes huachanacos, las cuales visitaran los diferentes distritos de nuestra provincia que también festejan alegremente la tan esperada fecha.
Llegado el día festivo una cuadrilla de muchachos del distrito del Cardo se dirige a San José, provistos de botellas de licor las cuales envalentonan para cantar sin inhibición y a la vez sirven de inspiración para el alma bohemia de estos cantores; en medio de la cuadrilla visitante se encontraba Ismael Fuentes, quien desde ya hace varios meses tenía cierto interés en la bella Juanita Torres una guapa muchacha del distrito de San José, el cual no desaprovecharía dicha oportunidad de celebración para seducir a su pretendida.
Estando la cuadrilla del Cardo en una esquina de la plaza de San José, un grupo de jóvenes de este bravo distrito salió a darles la bienvenida, dando comienzo a las improvisadas y galantes rimas:
San José:
Bienvenidos paisanos míos
que si vienen a bailar y cantar,
en esta tierra hermosa
eso y mucho más van a encontrar.
El Cardo:
Aquí venimos todos cantando,
bailando me voy abriendo paso
con el corazón en una mano
y en la otra lleno un vaso.

San José:
Ayer que comí frejoles
hoy digo que me tocará
si la fiesta esta buena
con qué mi madrecita me esperara.
El Cardo:
Bailemos y cantemos
que este día no se olvide jamás
que la tarde esta buena
pa’ seguirla con mas y mas.

Luego de cantarse estos alegres huachanacos y dándose fuertes abrazos, los dos grupos comienzan a confraternizar amenamente sin dejar de bailar y cantar, para ello el joven cardeño Ismael, envalentonado por el licor se acercó a Juanita, quien era muy bien custodiada por sus hermanos y primos allí presentes, para luego invitarla cordialmente a bailar, a lo cual la joven respetuosamente se negó, argumentando que no conocía lo suficiente a este, ante la sorpresa del enamorado visitante, quien no se desalentaría para más tarde reunir a un grupo de jóvenes de su distrito, los cuales siguiendo a Ismael comenzaron a cantar:
Ismael:
Este día de fiesta
el corazón vengo a ofrecer
es que estoy tan enamorado
de una bella e ingrata mujer.


Ojala un día a los ojos
me puedas tu negrita mirar
pa’ hacerte yo feliz
y no dejarte nunca de besar.

Este hecho tomó con gran sorpresa a la mayoría de los presentes, que se preguntaban cómo este muchacho declaraba su amor tan abiertamente sin siquiera pedir el consentimiento de los familiares de la pretendida joven, por lo cual los hermanos de Juanita quienes se sintieron aludidos por la desfachatez de Ismael, no vieron con buenos ojos las pretensiones de este osado visitante; así que procedieron a responderle de manera persuasiva para que desistiera de su pretensión:
Hermanos de Juanita:
Gallito no te creas muy gallo
que el pico te puedes quemar
mira bien a tu alrededor
antes de sacar pecho y cantar.
Ismael:
No falta uno el respeto
al decir la purita verdad
pues es cierto, a tu hermana yo
la vengo a conquistar.

Con lo cual se armó la grande y los hombres de estos dos distritos, se agarraron a golpes, dando por terminada la que en algún momento fue una cordial fiesta; luego un viejo del distrito local comenzó a quemar circas de ají en su puerta aprovechando el viento que provenía del mar, haciendo correr a los visitantes que no lograban ponerse a buen recaudo de este irritante e insoportable humo, motivando los gritos de alegría y vivas por parte de los locales, al haber puesto en su lugar a sus faltosos vecinos. Juanita luego de lo sucedido quedó impresionada por la valentía del joven cardeño, quien le declaró su amor tan abiertamente, preguntando por el nombre de aquel intrépido visitante.
Al año siguiente nuevamente llegadas las fiestas de carnavales, las cuadrillas de huachanacos se formaron en diversos distritos, visitando los de San José a los de Chule, los de San Gregorio a los del Huarangal, los del Cardo a los de La Pampa y viceversa. La cuadrilla del distrito del Cardo en el cual se encontraba Ismael quisieron pasar por alto el hecho acontecido la fiesta pasada, así que decidieron ir a San José donde se presentaron, ante la sorpresa de los locales, quienes también aceptaron gustosos la visita sin ningún resentimiento, para luego comenzar con las rimas de bienvenida y el respectivo baile, dando por zanjada la gresca acontecida anteriormente. Cuando de pronto en medio de la celebración, Ismael nuevamente se acercó a Juanita, a quien ya venía cortejando varios meses atrás siendo correspondido cordialmente por ella, para lo cual el enamorado cardeño procedió a cantar:
Ismael:
Que se enteren todos
para que no sea desfachatez
esta morena y yo nos queremos
entiéndanlo de una buena vez.






Juanita:
Unas lindas flores
por la mañana recibí
me las regaló este noble hombre
las cuales gustosa yo olí

Luego de este hecho, los hermanos de la joven mostraron su aprobación al ver lo contenta que estaba su hermanita con el joven cardeño; así se acercaron a saludar a la nueva pareja, para alegría de los todos los presentes que gustaron de la unión que nació en medio de esta tradicional costumbre.








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GENIO Y FIGURA HASTA LA SEPULTURA


Hombre que nace pa’ timar
y joder
difícil que esas manías
logre perder.

Don Víctor Pacheco agricultor de avanzada edad, hombre de mente hábil y por demás astuto, muy conocido en el pueblo por las tomaduras de pelo que realizaba a la gente, se encontraba regresando de la hacienda de Characta siendo transportado a lomo de bestia, teniendo como destino el anexo de la Dehesa, lugar donde vivía. El cansado viajero se topó aquella tranquila mañana de domingo con la iglesia del distrito de San Gregorio, donde muchos feligreses del religioso pueblo escuchaban la santísima misa, por lo cual este se dispuso a ingresar, amarrando su fatigada burrita a la puerta de la casa de oración.
Al momento en que el cura terminó con el santo oficio, el improvisado feligrés se acercó a rezar al altísimo para luego proceder a retirarse; ante este hecho un guardia algo molesto con el dueño de la burra amarrada en tan irrespetuoso lugar, la cual al presenciar el paso de otros borricos rebuznaba intranquilamente por encontrarse en celo; decide poner fin a la incómoda situación, comenzando a interrogar a la gente sobre la propiedad de la calenturienta burrita, por lo cual don Víctor le contesta diciendo que él era el dueño de dicho animal, así que el guardia se le acerca y en voz baja le dice:
- señor su burra esta algo alzada.
- no puede ser mi respetado oficial, si yo mismito la he dejado en el suelo, no creo que sea posible tal afirmación.
El guardia desconociendo el genio de este hombre, nuevamente se dirige a él diciéndole:
- quiero decir que su burra está en celo señor
- celos no puede ser, si yo ni siquiera he visto a otras burras que se me han acercado, ¿cómo es esto posible?
- a lo que me refiero es que, está caliente por sus hormonas, ¿me entiende ahora usted?
- como que caliente mi señor, si yo la dejé bien amarradita ahí en la sombra.Texto El guardia yo no creía tanto en la sinceridad de este hombre, que no entendía lo que él quería expresar, el cual por respeto al aposento donde se encontraban, no le decía directamente la natural situación de su burrita; es así que el oficial algo enojado toma del brazo a don Víctor, sacándolo del lugar y una vez estando afuera, le dice ya con algo de exasperación:
- señor su burra está amarrada en la misma puerta de la iglesia, lo cual es una falta de respeto y encima está haciendo unos ruidos extraños porque al parecer quiere tener relaciones sexuales, ¿que usted no entiende eso?
- ahahahaha era eso, entonces no se preocupe por mi ah, si usted quiere, tenga las relaciones que quiera con mi burrita que yo aquí lo espero.
El oficial sumamente enojado toma preso a este hombre, el cual le faltó el respeto tomándole el pelo, luego pretende llevárselo al puesto de guardia del pueblo, no encontrando ninguna movilidad disponible en que hacerlo; es por ello que Don Víctor le ofrece irse en su burra, a lo cual el oficial con algo de desconfianza, accede. Es así que una vez sentados en el animal emprendieron la ruta hacia Camaná.
Estando en medio del camino, el oficial interroga al viejo diciéndole:
- haber dime, de que trató la misa el día de hoy.
- y usted para que quiere saber de que trató esta. Respondió don Víctor.
El oficial exasperado por la pregunta innecesaria de este hombre y con algo de temor de volver a ser víctima de una broma por parte de este, es que le procede a explicar:
- pedí permiso a mi superior para ir a la misa en horario de trabajo y cada vez que regreso luego de esta, él siempre para comprobar si fue justificada mi salida, me pregunta de qué habló el reverendo, solo que en esta oportunidad me quedé dormido y no pude escuchar nada.
- pues ese será su problema señor, para que miente y no cumple con su trabajo, sabe dios a que vino usted a San Gregorio con esos engaños. Le respondió el avispado viejo.
El guardia sorprendido por la respuesta de este irrespetuoso hombre le increpa sobre su intromisión, diciéndole:
- a ti no le importa lo que yo venga a hacer, así que responde lo que te pregunté, si no quieres pasarla peor de lo que la vas a pasar.
- bueno, bueno no se enoje, le explicaré lo que habló el padre en la misa, el día de hoy.
- más te vale. Replicó el oficial.
- de lo que el padre habló hoy, fue de la reencarnación.
- reencarnación ¿y qué diablos es eso? Preguntó el oficial.
- no se preocupe. Respondió el hombre. Tenemos buen trecho de camino para que se lo explique.


De pronto pasando por la hacienda El Medio, el viejo ve en el costado de una chacra, a un robusto toro que pasta tranquilamente junto a un árbol, por lo cual le dice a su compañero de viaje:
- mire oficial, acaso tiene usted algún tío ya fallecido.
- sí. Le respondió el guardia.
- pues ahí mismito lo está viendo usted, su tío puede haberse reencarnado en ese toro, ya que una persona según explicó el padre, cuando fallece regresa a este mundo tomando otra forma de vida.
Así siguieron por el camino montados en la burra, pasando estos por San Jacinto, donde desde lo alto de la carretera don Víctor divisa un corral de chanchos y en medio de este a un gran semental, que feliz se revolcaba en el barro; el dueño de la burrita nuevamente le dice al oficial:
- mire usted ese gran padrillo que se revuelca en el barro, pues de seguro usted tiene a su abuelo fallecido, pues ese mismito puede ser él, ahora me entiende ¿Qué es la reencarnación?

Arre burra
que se hace tarde
acaso no vis que el guardia
pelle de cólera y está que arde.

El oficial sumamente enojado por la explicación del atrevido hombre que hacía alusión ofensiva a la familia de este, lo amenaza con darle ahí mismo una tunda, la cual este nunca olvidaría; así estos dos continuaron con su camino, cuando de pronto Don Víctor nuevamente pregunta:
- señor oficial, con el debido respeto que se merece, quisiera saber cómo está la familia por casa.
El oficial contesta con algo de cautela para no ser nuevamente presa de las tomaduras de pelo de este atrevido hombre:
- todos bien gracias; mi mujer, mis hijos, a excepción de mi madre que falleció hace algunos años.
Cuando de pronto el hombre da un gran salto que lo pone fuera de la burra, el sorprendido guardia le sigue el paso para atraparlo, pensando que este quería escapar increpándole a la vez, el porqué de su acción diciéndole:
- que tienes, estás loco ¿por qué has saltado así?
- pero como se le ocurre a usted que yo voy a seguir con esto. Le contesta don Víctor.
- pero a que te refieres no te entiendo. Le responde el oficial
- a seguir montando hasta el pueblo a su santísima mamacita, haciendo referencia a la burrita que les servía de medio transporte.


El pícaro viejo respondió esto lanzando sendas carcajadas, ante la resignación del oficial, quien ya cansado de las burlas del faltoso hombre, en vez de cumplir con su amenaza de darle una ejemplar paliza, solo atinó a retirarse caminando hasta el pueblo, para no seguir siendo víctima de este incorregible timador, quien terminó por colmar la paciencia del alterado guardia y según este creía por mas tunda o reprimenda que le diera al irrespetuoso, este no iba a dejar de fregarlo y fregarlo. Entendiendo como dice el dicho de que “árbol que nace doblaó, nunca su tronco endereza”.

Que jue’ mi oficial
porque se me va,
si falta buen trecho de camino
y nadie lo está tratando mal.

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¿VINO DE YUCA? ¿MERMELADA DE CEBOLLA?, AQUÍ HAY ALGO MALO O VA A COCINAR MI SUEGRA


Para tontear y timar
no busques a un camanéjo
porque de eso nada tiene
más bien todo de vivo y pendejo.


Dos camanejos eran grandes amigos y compartían sus labores agrícolas a diario, así que apenas cantaba el gallo estos dos se iban con dirección al campo sombrero en pelo y lampa al hombro, entonando una alegre canción con sus potentes silbidos. Uno de los amigos llamado Rodolfo sembraba todo tipo de árboles frutales los cuales le daban riquísimas uvas, plátanos, pacáes, ciruelas, mangos, guayabas, higos, guanábanas, entre otras frutas, los cuales le daban ganancias mensuales.

El otro amigo de nombre Teodoro solo sembraba arroz y fréjol, recibiendo este, ganancias solo dos veces al año; lo cual motivó algo de celos de su parte, por lo cual Teodoro decidió hacerle una serie de bromas de mal gusto a su buen amigo.

Así fue que una tarde en la que Rodolfo no se encontraba en su chacra, Teodoro aprovechó esto para hacerse de algo de fruta de la huerta de su compadre, llevando un gran canasto que sacó de su casa, una vez estando allí se dispuso a sacar los inmensos racimos de uva y cuando ya tenía casi todo el canasto lleno, fue descubierto por Rodolfo, quien se sorprendió por lo acontecido; así que preguntó a Teodoro:

- ¿qué está haciendo usted compadre?

- ahí compadre ayudándole a cosechar unas yuquitas

- así compadre y ¿qué va usted a hacer con esas yucas?

- creo que un rico vino compadre

Para lo cual Rodolfo algo confundido ante la tomadura de pelo de su compadre le dijo:

- ahahahahah y yo compadre que pensé que me estaba robando usted

- no como cree usted, yo su fruta ni la toco. Le respondió Teodoro

Dejando pasar por alto la desleal conducta de su compadre.

Así pasaron los días y una semana más tarde Rodolfo encontró a Teodoro en la misma situación que hace unos días antes; pero esta vez, llevándose unos duraznos que el propio Rodolfo iba a cosechar al día siguiente, así que lo interrogo diciendo:

- ¿compadre que está haciendo usted?

- ahí compadre ayudándolo a cosechar unas cebollas.

- ¿y qué va a hacer usted con esas cebollas?

- una rica mermelada, la cual no dudare en compartir con usted

- ah que bueno compadre, porque yo pensé que usted me estaba robando

Subiendo un poco el tono de su voz

- no como cree usted eso, si yo ya le dije, yo su fruta ni la toco. Le respondió Teodoro

Así que Teodoro al tener el costal casi lleno, se retiró de la huerta ante la impotencia de Rodolfo, quien veía como su pícaro amigo Teodoro cada día le tomaba el pelo.

A la semana siguiente por tercera vez Rodolfo encontró a Teodoro en la misma situación; pero esta vez llevándose una cabeza de plátanos; así ya algo molesto ante el atrevimiento de su compadre le dijo:

- ¿qué está haciendo usted compadre?

- nada, nada compadrito solo ayudándole a cosechar unos choclitos nomas

- así y que va a hacer con ellos. Dijo algo molesto Rodolfo

- creo que le voy a decir a mi mujer que me los haga frititos con arroz. Respondió Teodoro burlándose nuevamente de su compadre.

Así que Rodolfo cansado de los abusos de su amigo, divisó a lo lejos que se acercaba la mujer de Teodoro, cuando una ingeniosa idea se le vino a la mente para vengarse de su desvergonzado compadrito; para lo cual este tomó raudamente su caballo, dirigiéndose a toda carrera hacia su vecina, la mujer de Teodoro, a la cual subió a la fuerza a su caballo, ante la sorpresa de su compadre, quien se encontraba aproximándose y le dijo:

- ¿qué hace usted compadre?

- aquí compadrito para ayudarlo en algo me llevo a su burra

- pero que va a hacer usted con ella. Dijo airadamente Teodoro

- unas cuantas guaguas nomas compadrito, ya que usted no las tiene y como me ha ayudado tanto, yo le voy a dar una ayudadita para estar a mano

Partiendo este seguido por Teodoro, quien soltó la cabeza de plátanos y corrió tras su compadre, el cual se alejó soltando grandes risotadas, quien con lo ocurrido dio una gran lección a su desleal compadrito.


Fuiste de vivo por lana
y saliste trasquila’o
ni todo el oro del mundo vale
lo que con tu mujer has paga’o.

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EL VIRREY LA SERNA Y UN CAMANEJO PATRIOTA




La madre y la patria
es lo que más se respeta
y al que diga que no
se las ve con mi escopeta.


Con los primeros gritos de independencia que propinaban nuestros compatriotas peruanos allá por 1824; se dio que Camaná tuvo la sorpresa de recibir la visita del mismísimo virrey La Serna, quien al ser derrotado en la batalla de Ayacucho huyó hacia nuestra provincia, en compañía del coronel Altahus y una escolta de más de mil hombres.

Al llegar los mencionados personajes a nuestra ciudad, fueron recibidos con gran algarabía por los residentes, quienes ofrecieron a estos hermosos arcos de flores y no dudaron en dar una gran fiesta en la casa de las niñas González; quienes eran unas señoritas muy hermosas, las cuales encabezaron la organización de dicha reunión.

Llegada la noche, la casa lucia más reluciente que nunca con una imponente mesa en medio de la sala, repleta de apetitosos animales perfectamente preparados entre otros manjares; la guitarra no se hizo esperar y así comenzó la fiesta.

Horas más tarde por las cercanías de la mencionada casa, se encontraba pasando Don Ignacio Chávez, quien era un camanéjo patriota que recién llegaba de la zona conocida como “las lomas” lugar donde éste se había enterado de lo acontecido en Ayacucho y pensó que esta fiesta dada en la ciudad, se ofrecía por la liberación de nuestra patria del yugo español.Texto Ignacio no podía resistir mas las ganas de compartir su alegría con la gente del pueblo, así que ni bien puso un pie en la casa de fiesta, vio a un elegante caballero, de imponente figura e impecable traje de cordones dorados en el pecho, el cual llamó su atención; este hombre era el virrey La Serna, quien se encontraba dando unas palabras de agradecimiento por la recepción dada hacia él y sus hombres; cuando de pronto Ignacio ante la emoción, no dudó en sacar su arma y lanzar unos entusiastas disparos al aire, gritando:

- ¡QUE VIVA LA INDEPENDENCIA, QUE MUERA LA SERNA Y QUE VIVA EL PERÚ CARAJO!

Lo cual sorprendió a los presentes y puso al virrey con los pelos de punta, llevándolo a colocarse bajo una de las tantas mesas, para salvaguardar su integridad; por lo acontecido Ignacio fue rápidamente apresado por los guardias del virrey, con lo cual nuestro amigo quedó sorprendido por su insospechado arresto, luego fue llevado al puesto de la guardia, donde se le puso al tanto de quien era el personaje, al cual había interrumpido.

A la mañana siguiente el virrey fue a visitar a Ignacio a su celda y al estar frente a este, le dijo:

- mi buen amigo no te preocupes, porque hoy volverás a casa con los tuyos; yo no puedo juzgarte porque esta tierra es mas tuya que mía y respeto que estés feliz al haber visto triunfar tu ideal, que es impulsado por tu corazón patriota, el cual es igual al mío, que también es fiel a su patria y a la voluntad de su rey.

Así Ignacio fue liberado y luego de unos días el virrey La Serna con su comitiva se preparaban para partir, despidiéndose de los lugareños, cuando de pronto el virrey divisó entre la gente a Ignacio, dirigiéndose hacia él, se bajó de su caballo para luego obsequiarle un hermoso sable, como muestra de respeto por su gran patriotismo; luego de este hecho el virrey se subió a su caballo y partió a su destino Quilca, donde se embarcaría con dirección hacia España.
Feliz el ave que puede volar,
feliz el pes que puede nadar
porque un camanejo solo es feliz
cuando grita su libertad.

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