miércoles, 14 de julio de 2010

Las fiestas de Antaño



Aun permanecen vivos en mi mente los recuerdos de esas pintorescas fiestas de las cuales formé parte cuando era aún niño, una fecha muy especial para mi era el 13 de agosto de cada año en la cual celebrábamos el cumpleaños de mi querido tío abuelo “Amadeo”; esta era una de las fiestas que más recuerdo y añoro, la cual empezaba desde muy temprano con la casa reluciente con sillas por doquier donde nadie de la familia podía faltar y por supuesto los infaltables compadres quienes estaban bajo amenaza de gran desaire por la inasistencia de estos a la celebración.
Lo más impresionante de esta fiesta era lo que acontecía en la cocina, en la cual una decena de mujeres entre ellas mis abuelas, tías abuelas y tías; hacían gala de la tradición culinaria que poseían, uniendo fuerzas para satisfacer a la centena de invitados que se hacían presente aquel día. Al promediar la media mañana uno a uno iban llegando los invitados quienes se anunciaban al reventar un ruidoso paquetón de cuetes en la puerta de la casa, con un frondoso regalo bajo el brazo, con lo cual las palabras de cariño no se hacían esperar entre estos y mi tío; la hora del almuerzo se acercaba y las inmensas ollas empezaban a humear llenas hasta casi el borde con el riquísimo y sustancioso caldo de pava que ya llevaba hirviendo varias horas; recuerdo que yo me inmiscuía en la cocina para lograr arrancar algo de la receta del dichoso caldo, pero me fue casi imposible por la preocupación de mis tías de que yo sufriera un accidente por lo que se me obligaba a retirarme más que de inmediato.
La tarde caía y con ello el lugar principal de la casa se trasladaba por unos momentos a los alrededores del viejo horno de barro de la casa el cual se ubicaba en el patio trasero, donde las mujeres ponían en practica las recetas de los mas exquisitos dulces y amasijos los cuales una vez listos iban desfilando hacia los invitados en las aceitadas latas como: molletes, ayuyas, bollitos, maicillos y bizcochos en las aceitadas latas, los cuales caían bien para la tarde sin dejar de bailar y tomar todos alegremente.
Así llegaba la noche y con ella la hora de la cena donde los dos robustos cerdos degollados el día anterior que ese día colgaban en medio del patio se resumían en jugosas y apetitosas presas finamente condimentadas, acompañados con hermosas yucas reventadas con su infaltable ocopa especial por supuesto, la cual que para mi gusto era lo más impresionante de ese plato, ya que esta dichosa preparación tenía una mezcla de picante matizada con un toque de dulce que era muy apreciado por todos los invitados y causaba que muchos de estos intentaran obtener el secreto de la preparación la cual era celosamente guardado por aquellas mujeres; yo creo en particular que ese sabor característico es debido a los buenos ajíes que tenían mis tías en sus huertas, al uso de las galletas dulces de animalitos que se sumaban a la mezcla, al infaltable batán y por supuesto la destreza de estas para manejarlo.
Son pocos los cumpleaños que actualmente se celebran de esta manera, ya que las costumbres han ido cambiando en nuestra provincia y según creo este tipo de fiesta se daba en mi familia, ya que provenía de un distrito tradicional como lo es El Cardo; es por ello que tenían las costumbres tan pronunciadas.
Como anécdota recuerdo que mi abuelo no despreciaba ninguna copa que se le ofrecía, así que su ingenio lo llevaba a tomar solo pisco en un vaso que no soltaba todo el día; pero como yo era el que servia las copas y ya estaba bien entrenado para que a él solo se le sirviera de una botella, la cual en lugar de pisco contenía agua pura, con esto sus compadres y demás amigos iban siendo víctimas del alcohol, mientras que mi abuelo seguía en pie sin hacer gesto alguno, lo cual causaba gran admiración y asombro a los presentes; otro suceso anecdótico era la visita de un curita que recién había llegado a la provincia y el cual quedó prendado por la hospitalidad de su gente, la riquísima comida y la excelente calidad del pisco que encontró en nuestra ciudad; lo malo de todo esto era que el padrecito a este último no lo podía controlar, es por ello que en la reunión al momento de dar unas palabras de honor no lograba terminar con total claridad, con el respeto que se merece el reverendo pero como él decía: Cumpleaños así no se encuentran en ningún lugar del mundo…………………………… ¡salud!.

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