martes, 14 de septiembre de 2010

PA’ QUE COMPADRITO, PA’ QUE


Dejame tranquilo compadrito
que acá yo soy feliz,
al lado de mi gente camaneja
tengo todo lo que vos no tenis

Don Pedro Pablo Rodríguez modesto agricultor de nuestro valle, se preparaba una tarde del mes de febrero para recibir a su extrañado compadre Felipe Valdivia, el cual era oriundo de Camaná pero dejó este su ciudad natal hace ya varios años, para buscar suerte en la capital. Una vez llegado el compadre fue recibido por la familia de Don Pedro Pablo con grandes muestras de cariño, haciendo estos una gran fiesta en su honor, en la cual se comieron los más ricos potajes de la zona y se bailó hasta altas horas de la noche.
Al día siguiente los dos compadres fueron a dar una vuelta por los campos de cultivo de Pedro Pablo, luego de caminar por un buen rato se recostaron bajo la sombra de un frondoso sauce, donde Felipe le dice a Pedro Pablo:
- y usted compadre hasta cuándo va a estar acá con lo mismo, ya pues agarre sus cosas y vámonos a Lima.
- y pa’ que. Contestó tímidamente Pedro Pablo
- ¡como que para que! a mí me va de maravilla, trabajo tengo en abundancia ahora el dinero no me falta, me doy todos los gustos que quiero y puedo venir unas cuantas semanas a mi tierra para descansar tranquilo.
Luego que terminaron la conversación se dirigieron a la casa de don Pedro, donde el compadre Felipe toda la semana que estuvo de visita continuó tratando de convencer a Pedro Pablo de su gran dejar Camaná, a lo cual él contestaba con un simple ¡y pa’ que! lo cual volvía loco a Felipe, quien no entendía el porqué de la negativa de su compadrito; hasta que este se despidió el fin de semana que terminaban sus vacaciones, para regresar a la capital prometiendo volver.Al siguiente año, volvió el querido compadrito Felipe, siendo nuevamente bien recibido por la familia de Pedro Pablo. A los días de su llegada el ahora adinerado compadre es invitado a pescar por el dueño de casa, dirigiéndose luego estos a la playa, donde atraparon dos hermosos lenguados y después de un reconfortante baño antes de regresar a casa, Felipe volvió a decir a Pedro Pablo:
- y usted compadre hasta cuándo va a estar acá con lo mismo; ya pues agarre sus cosas y vámonos a Lima
Para lo cual y ante la sorpresa de Felipe, Pedro Pablo le contestó con un apacible y calmado:
- y pa’ que
- ¡como que para que! míreme a mí; este año formé una prospera empresa, en la cual tengo a más de veinte hombres a mi cargo, dándome esta buen dinero, hasta me di mi tiempo para venirme unas semanitas a mi tierra y así pasarla bien alado de mi esposa
Minutos más tarde los compadres emprendieron el regreso a casa, para lo cual Felipe en todo el transcurso del camino trató de convencer de las mejorías que tendría su hospitalario compadrito en la capital, pero este nuevamente le contestaba de manera sarcástica con un repetitivo “pa´que”, mortificando al invitado; hasta que pasaron los días y Felipe tuvo que regresar a Lima, pero esta vez fue Pedro Pablo quien invitó a este a venir de visita el año siguiente y también le dijo:
- óigame compadre a su regreso hablaremos de ese asuntito de la capital que tanto le interesa
Así estos dos se despidieron con un fuerte abrazo.
Con la llegada de las próximas vacaciones se dio el regresó del esperado compadre, al cual recibieron con una gran cena, donde se sirvieron apetitosos platos para la ocasión, los cuales comieron hasta estar más que satisfechos; días más tarde Pedro Pablo invitó a Felipe a traer camarones del río, por ser temporada, así los dos compadres una vez estando con su cesto lleno de este preciado crustáceo, decidieron retirarse ;luego por medio del camino rumbo a casa, Felipe volvió a decir a su compadre lo mismo que le dice cada año:
- y usted compadre hasta cuándo va a estar acá con lo mismo; ya pues agarre sus cosas y vámonos a Lima
Pedro Pablo no desaprovecharía la oportunidad para decir su ya conocida frase, que molestaba tanto a su compadre diciéndole:
- y pa’ que
- ¡como que para que! si Lima es lo máximo; este año mi empresa ha crecido mucho mas y ahora hemos abierto una sucursal en otra ciudad importante, soy un hombre respetado allí, el dinero no me falta y hasta me compré mi propio carro para viajar hasta aquí, y poder estar con mis hijos que querían pasar las vacaciones conmigo; no se le olvide que el año pasado al despedirnos me dijo usted que hablaríamos de este tema, que cree que ya lo olvide, no señor.
- a Lima irnos y pa’ que; jajajajajajaja. Le contestó Pedro Pablo soltando una gran carcajada
- no se ría compadre que no es broma, es una concreta proposición
- mire compadrito le voy a contestar como se lo prometí, aunque la respuesta ha estado siempre frente a sus ojos. Hace tres años que viene y nos visita en sus cortas vacaciones; el primer año que vino, usted me dijo que se la paso trabajando y que solo pudo venir por unas semanas, así que para mi usted perdió, al estar lejos de su tierra que tanto añora; el segundo año que vino de igual manera me contó que su negocio creció y que al fin se pudo dar una escapada para descansar al lado de su esposa, para mi compadrito usted perdió de nuevo, porque por estar trabaja que trabaja, no le da el tiempo que se merece su amada señora; este año que nos visita, por estar más en otra ciudad que en su casa, sus hijos no lo ven como un gran padre como debería ser, entonces de igual manera usted también perdió; por eso compadrito espero que me entienda porque le decía tanto “pa’ que” para pasar por todo eso que usted está pasando y consolarme con tener los bolsillos llenos, no “pa’ que”.
Mire compadrito, tal vez usted no se dé cuenta pero yo también he crecido, tengo a mi lado una esposa y tres hijos con los cuales comparto mis días viviendo todos felices, tengo grandes y productivas extensiones de tierra, más de treinta hombres a mi mando los cuales me aprecian y respetan, también cuento con muchísimos animales que se reproducen en gran número; razón por ello es que en ningún momento he pensado en dejar mi hermosa tierra, a la cual usted viene unas cuantas semanas al año para recién sentirse un hombre feliz, no ve compadrito por eso ahora y siempre le voy a contestar “Y PA’ QUE”.

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LA NOBLEZA DEL CABALLO BLANCO


En las lomas que se encuentran frente a Habitad La Pampa, allá por 1935 se encontraba la majada de Don José Gabriel Calderón, quien como todos los años a finales del mes de abril se mudaba a este lugar, con una veintena de cabezas de ganado, caballos y uno que otro borrico. Una vez elegido el lugar dentro de su dominio, este procedía a construir su improvisada choza, con varas o palos colocados en forma piramidal y cubiertos con esteras de totora para que discurra el agua hacia los lados; al costado de esta casa se instalaba un pequeño corral, donde se tenían a los animales y junto a este un pozo de agua limpia destinada para el consumo humano.
Una mañana en que la niebla solo dejaba mirar un par de metros más allá de las narices, a lo lejos se escuchó un fuerte ruido que hacía estremecer la tierra, el cual cada vez se hacía mas y mas fuerte; fue así que Don José Gabriel divisó a escasos metros de donde se encontraba, el paso de una manada de caballos salvajes, con un gran semental alfa de color blanco a la cabeza, al cual el resto de equinos seguía; este animal terminó por asombrar a don José Gabriel por su imponente presencia, fuerza y hermosura, hasta que se alejaron velozmente de las cercanías de la majada. El viejo lomero se quedó anonadado y no dudó en querer hacerse de este hermoso corcel, al cual siguió viendo varias veces por las cercanías de su propiedad.
Que hermosura de animal
lo que ven hoy mis ojos
el tiene que ser mío
y más bien, no de otros.
Días más tarde don José Gabriel no dudó en organizarse con un grupo de hombres de la zona, conocedores de este tradicional oficio, con los cuales se dispuso a tratar de atrapar al preciado animal. Una vez listos los lomeros provistos de sogas y montados en fornidos caballos, comenzaron a patrullar el área, hasta que divisaron la manada del dichoso corcel bebiendo en un ojo de agua cercano, por lo cual todos procedieron a correr tras ellos por los flancos y por la parte trasera de manera organizada para evitar que se escapen, con el objetivo de llevarlos al cerro de “Pano” donde se encuentra el viejo faro, lugar donde estos animales eran acorralados facilitando su captura; luego como por obra del señor a escasas lomadas del lugar la espesa niebla se hizo presente y estos tuvieron que suspender la operación.
A la semana siguiente se volvieron a reunir los amigos y comenzaron a patrullar el mismo ojo de agua, donde vieron la última vez a la escurridiza manada, sin tener éxito, por lo que decidieron renunciar a su propósito ese día también. Una vez que se separaron, Don José Gabriel se dirigió a su majada, cuando de pronto a escasos metros de esta, se encontraba pastando la manada de caballos que tanto buscaban, él se acercó sigilosamente y logró lazar con una maestría envidiable al hermoso caballo blanco, lo cual causó que los otros miembros de la manada corrieran despavoridos, el atrapado animal procedió a defenderse ferozmente, arremetiendo contra don José Gabriel, dándole fieras mordidas y una mortal patada en el pecho, lo cual lo dejó mal herido e hizo que este dejara en libertad al animal.
Días más tarde los lomeros se reunieron en la majada de don José Gabriel, el cual contó su desafortunado encuentro con este imponente corcel; así que nuevamente decidieron salir a patrullar la zona con el mismo propósito, hasta que por fin estos lograron divisar a la gran manada, luego mirando al cielo exclamaron:
-¡ahora ya no hay niebla que los salve!
Así todos corrieron siguiendo el plan establecido, hasta que llevaron a unos 5 caballos junto al hermoso blanco alfa al lugar donde estaba el faro, por lo cual los caballos se vieron atrapados, al seguir a este un escarpado precipicio de considerable altura; luego don José Gabriel anunció que daría una fuerte suma de dinero a quien atrape al caballo blanco, por lo que se dejó escapar a los otros corceles, así procedieron a tratar de lazar al animal lo cual parecía imposible, ya que este se defendía de manera impresionante danto feroces patadas y mordidas a los intrépidos, el caballo una vez acorralado y al verse presa del cansancio, miró hacia atrás encontrándose a escasos metros de caer al acantilado; fue así que para sorpresa de todos, este tomó la decisión de aventurarse por el escarpado cerro, ante la mirada atónita de sus perseguidores, quienes dijeron:
- ya se mató este animal, no creo que llegue vivo a la playa
Luego de esto, los sorprendidos lomeros pudieron ver como este intrépido corcel con una habilidad poco usual, burló las rocas llegando a la playa sin ningún rasguño, los cuales no podían creer lo que había logrado este animal para no ser atrapado; entonces se oyó el grito:
- ¡bajemos a la playa!
Así que por una ladera a un kilometro de allí, bajaron a perseguir al escurridizo caballo, hasta que nuevamente lo tuvieron acorralado en la playa denominada “la arrinconada” lugar en el cual el cerro y el mar se unen, donde el caballo se vio nuevamente atrapado por los lomeros; y este como último recurso se aventuró hacia el mar para no ser capturado, poniendo en riesgo su vida por la posibilidad de ser tragado debido al fuerte oleaje; Don José Gabriel sorprendido por la bravura y fuerza del animal quien antes de ser atrapado prefería la muerte, pidió a todos que desistieran con su propósito, al pensar este, que el hermoso corcel merecía ser libre por la lucha que había dado; entendiendo en ese momento que hay seres que habían nacido para ser libres y no debían ser atrapados jamás; para luego ordenar la retirada del lugar.
Semanas más adelante don José Gabriel se despertó muy temprano para empezar con sus labores diarias, cuando a escasos metros de su majada vio al hermoso caballo blanco pastando solo, quien relinchaba mirándolo directamente, como efectuando un saludo a este, quien en vez de querer nuevamente capturarlo, solo atinó a sentarse a contemplar la belleza de este hermoso animal. Este corcel se hizo de fama en Camaná y en los años venideros, muchos hombres intentaron atraparlo, viendo sus intenciones fallidas en presencia de don José Gabriel, al cual acudían a consultar sobre la manera de quedarse con este dichoso caballo, para responderles a todos lo mismo:
- no pierdan su tiempo, porque tal cosa es imposible. Es más fácil atrapar el viento que viene del mar, que lograr que el alma de ese animal se dé por vencida, ese corcel nació para ser libre y así lo va a ser siempre.


Libre como el viento
así lo manda tu naturaleza
tú te lo has ganado
con tu valentía y fiereza

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DOÑA FLORENCIA LA VOZ DEL PUEBLO, ¿HASTA CUANDO? SOLO DIOS LO SABE.




En Camaná allá por el año 1900 se suscitó un hecho pintoresco y la vez inusual, en donde se vio envuelto el alcalde de nuestra provincia don José Mariano Zúñiga; a quien se le acusaba de malversar fondos del municipio, hacer favores políticos a familiares y amigos entre otras imputaciones; lo cual terminó por molestar a los pobladores; quienes mediante coplas, rimas e inscripciones en fachadas daban a conocer su descontento con dicha autoridad, disgustando este hecho a la vez al ilustre.
Una mañana en que la autoridad se encontraba lleno de furia por las injurias hechas en su contra, este no dudó en mandar a apresar a los autores de dichas inscripciones; lo cual cumplió haciendo capturar a algunos hombres a quienes se les acusaba de conspiración en contra de su mandato, pero en realidad estos ni siquiera habían hecho tal cosa, ni mucho menos eran los autores de los dichosos insultos, sino mas bien tuvieron la osadía de dirigir su mirada a la autoridad de manera desafiante, lo cual fue el verdadero motivo de sus aprehensiones.
Don José Mariano todas las tardes transitaba la tranquila calle del jr. 28 de julio, partiendo este desde el local concejal hasta su domicilio, pasando luego de unas cuadras por la casa de Doña Florencia Pastor, quien era una pícara y vivas abuelita, la cual estaba muy molesta con dicha autoridad por haber este mandado a cortar un árbol que ella plantó en su puerta hace ya algunos años atrás; así que la nonagenaria rápida en ingenio y terca en capricho, cada tarde esperaba recostada en su gran sillón de paja disfrutando de los últimos rayos de sol que caían sobre su rostro, el paso de dicho personaje por su frentera, la cual al ver al fulano comenzaba a gritar con las pocas fuerzas que le quedaban en la vida:
-¡que muera el alcalde! ¡que muera el alcalde!..........


Acto seguido de una serie de risotadas por parte de los vecinos y curiosos que por ahí se encontraban, lo cual molestaba y llenaba de impotencia a la aludida autoridad, dadas las burlas hechas por la pícara abuelita.
Esto hecho fue de conocimiento de los pobladores de la provincia, quienes se aprestaban cada tarde en las inmediaciones de la casa de doña Florencia a la hora que pasaba el mentado funcionario, donde siempre se repetía el mismo cuadro, lo cual era del agrado de los curiosos, al ver la molestia del mandatario y a la vez sentir que de alguna manera sus protestas estaban siendo escuchadas. Y de qué manera todavía.
El alcalde ante este hecho decidió hacer apresar a la abuelita y cuando se dispuso a llevar a cabo su propósito, el pueblo se levantó en plena casa de la anciana; pero esto no fue impedimento para que Doña Florencia sea conducida al puesto de guardia; donde el alcalde en presencia de la autoridad policial interrogó a la abuelita, increpándole por su conducta diciéndole:
- niegue usted ahora que todas las tardes se las pasa gritando: ¡que muera el alcalde! ¡que muera el alcalde! ¡que muera el alcalde!
A lo que la abuelita respondió con una paz y tranquilidad única:
- “que dios lo oiga hijo mío, que dios lo oiga”
Esto motivó la risa de los guardias y curiosos ahí presentes, así que al alcalde no le quedó más remedio que retirarse en medio de las pifias hechas por los pobladores en las afueras del puesto de guardia, para luego liberar a la entonces aclamada abuelita.
Así pasaron los días y este hecho se seguía repitiendo infinidad de veces, todas las tardes que el alcalde pasaba por la casa de dicha anciana, lo cual le causaba cada vez mayor molestia; hasta que un día el alcalde no soportó más y para ya no ser el blanco de las burlas, se dirigió a la casa de la nonagenaria en compañía del padre Juan, quien era el respetado padre de la parroquia y se suponía que por la investidura de este, podría tener alguna injerencia en la conducta de la abuelita, para así de una buena vez convencerla de que cese con sus burlas. Una vez frente a Doña Florencia los dos personajes, la molesta autoridad interrogó nuevamente a la abuelita diciéndole:
- haber niegue usted lo que grita todas las tardes ¡que muera el alcalde! ¡que muera el alcalde!
Para lo cual nuevamente la abuelita contestó de la misma manera:
-“que dios lo oiga hijo mío, que dios lo oiga”
Ante este hecho las risas y burlas por parte de los presentes no se hicieron esperar; así que una vez mas el alcalde emprendió su partida en compañía del padre Juan, quien lo tomó del brazo tratando de tranquilizarlo y le dijo:
- mire señor alcalde, yo conozco a Doña Florencia por muchos años y creo que es una buena mujer, si ella está haciendo esto es por que en algo malo debe estar andando usted y según la conozco no creo que ella pare en su afán de molestarlo, hasta lograr su cometido.
Así pasaron los días y este hecho se seguía repitiendo a diario en la frentera de Doña Florencia, lo cual hizo recapacitar al alcalde, el cual cambio sus malos hábitos en su labor edil y empezó a proceder de mejor manera, convirtiéndose en un alcalde honesto y trabajador; pero lo sorpresivo de este hecho, fue que el alcalde una vez actuando supuestamente de acuerdo a ley y como dios manda; doña Florencia seguía como todas las tardes burlándose de él, gritando a viva voz:
- ¡que muera el alcalde! ¡que muera el alcalde!
Así que a este no le quedó más remedio que hacer caso omiso a las injurias lanzadas por la anciana, para luego resignarse y pensar que este hecho le recordaría siempre lo mal que se comportó alguna vez con su pueblo, así que lo único que le quedó por hacer fue contestar con un cariñoso saludo a la pícara:
- “buenas tardes doña Florencia, muy buenas tardes”
Esto como muestra de agradecimiento por haberlo convertido en una mejor persona y un buen alcalde para los pobladores de la provincia.
Los años de la vida te dan
sabiduría e ingenio
que hasta al mismo diablo
hacen cambiar de genio.

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AMOR DE HUACHANACO


A comienzos del siglo XX, con la llegada del mes de febrero los carnavales no se hacían esperar, los jóvenes de espíritu entusiasta comenzaban a prepararse para ser parte de esta alegre fiesta, formando para ello las cuadrillas que ese año cantaran los galantes huachanacos, las cuales visitaran los diferentes distritos de nuestra provincia que también festejan alegremente la tan esperada fecha.
Llegado el día festivo una cuadrilla de muchachos del distrito del Cardo se dirige a San José, provistos de botellas de licor las cuales envalentonan para cantar sin inhibición y a la vez sirven de inspiración para el alma bohemia de estos cantores; en medio de la cuadrilla visitante se encontraba Ismael Fuentes, quien desde ya hace varios meses tenía cierto interés en la bella Juanita Torres una guapa muchacha del distrito de San José, el cual no desaprovecharía dicha oportunidad de celebración para seducir a su pretendida.
Estando la cuadrilla del Cardo en una esquina de la plaza de San José, un grupo de jóvenes de este bravo distrito salió a darles la bienvenida, dando comienzo a las improvisadas y galantes rimas:
San José:
Bienvenidos paisanos míos
que si vienen a bailar y cantar,
en esta tierra hermosa
eso y mucho más van a encontrar.
El Cardo:
Aquí venimos todos cantando,
bailando me voy abriendo paso
con el corazón en una mano
y en la otra lleno un vaso.

San José:
Ayer que comí frejoles
hoy digo que me tocará
si la fiesta esta buena
con qué mi madrecita me esperara.
El Cardo:
Bailemos y cantemos
que este día no se olvide jamás
que la tarde esta buena
pa’ seguirla con mas y mas.

Luego de cantarse estos alegres huachanacos y dándose fuertes abrazos, los dos grupos comienzan a confraternizar amenamente sin dejar de bailar y cantar, para ello el joven cardeño Ismael, envalentonado por el licor se acercó a Juanita, quien era muy bien custodiada por sus hermanos y primos allí presentes, para luego invitarla cordialmente a bailar, a lo cual la joven respetuosamente se negó, argumentando que no conocía lo suficiente a este, ante la sorpresa del enamorado visitante, quien no se desalentaría para más tarde reunir a un grupo de jóvenes de su distrito, los cuales siguiendo a Ismael comenzaron a cantar:
Ismael:
Este día de fiesta
el corazón vengo a ofrecer
es que estoy tan enamorado
de una bella e ingrata mujer.


Ojala un día a los ojos
me puedas tu negrita mirar
pa’ hacerte yo feliz
y no dejarte nunca de besar.

Este hecho tomó con gran sorpresa a la mayoría de los presentes, que se preguntaban cómo este muchacho declaraba su amor tan abiertamente sin siquiera pedir el consentimiento de los familiares de la pretendida joven, por lo cual los hermanos de Juanita quienes se sintieron aludidos por la desfachatez de Ismael, no vieron con buenos ojos las pretensiones de este osado visitante; así que procedieron a responderle de manera persuasiva para que desistiera de su pretensión:
Hermanos de Juanita:
Gallito no te creas muy gallo
que el pico te puedes quemar
mira bien a tu alrededor
antes de sacar pecho y cantar.
Ismael:
No falta uno el respeto
al decir la purita verdad
pues es cierto, a tu hermana yo
la vengo a conquistar.

Con lo cual se armó la grande y los hombres de estos dos distritos, se agarraron a golpes, dando por terminada la que en algún momento fue una cordial fiesta; luego un viejo del distrito local comenzó a quemar circas de ají en su puerta aprovechando el viento que provenía del mar, haciendo correr a los visitantes que no lograban ponerse a buen recaudo de este irritante e insoportable humo, motivando los gritos de alegría y vivas por parte de los locales, al haber puesto en su lugar a sus faltosos vecinos. Juanita luego de lo sucedido quedó impresionada por la valentía del joven cardeño, quien le declaró su amor tan abiertamente, preguntando por el nombre de aquel intrépido visitante.
Al año siguiente nuevamente llegadas las fiestas de carnavales, las cuadrillas de huachanacos se formaron en diversos distritos, visitando los de San José a los de Chule, los de San Gregorio a los del Huarangal, los del Cardo a los de La Pampa y viceversa. La cuadrilla del distrito del Cardo en el cual se encontraba Ismael quisieron pasar por alto el hecho acontecido la fiesta pasada, así que decidieron ir a San José donde se presentaron, ante la sorpresa de los locales, quienes también aceptaron gustosos la visita sin ningún resentimiento, para luego comenzar con las rimas de bienvenida y el respectivo baile, dando por zanjada la gresca acontecida anteriormente. Cuando de pronto en medio de la celebración, Ismael nuevamente se acercó a Juanita, a quien ya venía cortejando varios meses atrás siendo correspondido cordialmente por ella, para lo cual el enamorado cardeño procedió a cantar:
Ismael:
Que se enteren todos
para que no sea desfachatez
esta morena y yo nos queremos
entiéndanlo de una buena vez.






Juanita:
Unas lindas flores
por la mañana recibí
me las regaló este noble hombre
las cuales gustosa yo olí

Luego de este hecho, los hermanos de la joven mostraron su aprobación al ver lo contenta que estaba su hermanita con el joven cardeño; así se acercaron a saludar a la nueva pareja, para alegría de los todos los presentes que gustaron de la unión que nació en medio de esta tradicional costumbre.








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GENIO Y FIGURA HASTA LA SEPULTURA


Hombre que nace pa’ timar
y joder
difícil que esas manías
logre perder.

Don Víctor Pacheco agricultor de avanzada edad, hombre de mente hábil y por demás astuto, muy conocido en el pueblo por las tomaduras de pelo que realizaba a la gente, se encontraba regresando de la hacienda de Characta siendo transportado a lomo de bestia, teniendo como destino el anexo de la Dehesa, lugar donde vivía. El cansado viajero se topó aquella tranquila mañana de domingo con la iglesia del distrito de San Gregorio, donde muchos feligreses del religioso pueblo escuchaban la santísima misa, por lo cual este se dispuso a ingresar, amarrando su fatigada burrita a la puerta de la casa de oración.
Al momento en que el cura terminó con el santo oficio, el improvisado feligrés se acercó a rezar al altísimo para luego proceder a retirarse; ante este hecho un guardia algo molesto con el dueño de la burra amarrada en tan irrespetuoso lugar, la cual al presenciar el paso de otros borricos rebuznaba intranquilamente por encontrarse en celo; decide poner fin a la incómoda situación, comenzando a interrogar a la gente sobre la propiedad de la calenturienta burrita, por lo cual don Víctor le contesta diciendo que él era el dueño de dicho animal, así que el guardia se le acerca y en voz baja le dice:
- señor su burra esta algo alzada.
- no puede ser mi respetado oficial, si yo mismito la he dejado en el suelo, no creo que sea posible tal afirmación.
El guardia desconociendo el genio de este hombre, nuevamente se dirige a él diciéndole:
- quiero decir que su burra está en celo señor
- celos no puede ser, si yo ni siquiera he visto a otras burras que se me han acercado, ¿cómo es esto posible?
- a lo que me refiero es que, está caliente por sus hormonas, ¿me entiende ahora usted?
- como que caliente mi señor, si yo la dejé bien amarradita ahí en la sombra.Texto El guardia yo no creía tanto en la sinceridad de este hombre, que no entendía lo que él quería expresar, el cual por respeto al aposento donde se encontraban, no le decía directamente la natural situación de su burrita; es así que el oficial algo enojado toma del brazo a don Víctor, sacándolo del lugar y una vez estando afuera, le dice ya con algo de exasperación:
- señor su burra está amarrada en la misma puerta de la iglesia, lo cual es una falta de respeto y encima está haciendo unos ruidos extraños porque al parecer quiere tener relaciones sexuales, ¿que usted no entiende eso?
- ahahahaha era eso, entonces no se preocupe por mi ah, si usted quiere, tenga las relaciones que quiera con mi burrita que yo aquí lo espero.
El oficial sumamente enojado toma preso a este hombre, el cual le faltó el respeto tomándole el pelo, luego pretende llevárselo al puesto de guardia del pueblo, no encontrando ninguna movilidad disponible en que hacerlo; es por ello que Don Víctor le ofrece irse en su burra, a lo cual el oficial con algo de desconfianza, accede. Es así que una vez sentados en el animal emprendieron la ruta hacia Camaná.
Estando en medio del camino, el oficial interroga al viejo diciéndole:
- haber dime, de que trató la misa el día de hoy.
- y usted para que quiere saber de que trató esta. Respondió don Víctor.
El oficial exasperado por la pregunta innecesaria de este hombre y con algo de temor de volver a ser víctima de una broma por parte de este, es que le procede a explicar:
- pedí permiso a mi superior para ir a la misa en horario de trabajo y cada vez que regreso luego de esta, él siempre para comprobar si fue justificada mi salida, me pregunta de qué habló el reverendo, solo que en esta oportunidad me quedé dormido y no pude escuchar nada.
- pues ese será su problema señor, para que miente y no cumple con su trabajo, sabe dios a que vino usted a San Gregorio con esos engaños. Le respondió el avispado viejo.
El guardia sorprendido por la respuesta de este irrespetuoso hombre le increpa sobre su intromisión, diciéndole:
- a ti no le importa lo que yo venga a hacer, así que responde lo que te pregunté, si no quieres pasarla peor de lo que la vas a pasar.
- bueno, bueno no se enoje, le explicaré lo que habló el padre en la misa, el día de hoy.
- más te vale. Replicó el oficial.
- de lo que el padre habló hoy, fue de la reencarnación.
- reencarnación ¿y qué diablos es eso? Preguntó el oficial.
- no se preocupe. Respondió el hombre. Tenemos buen trecho de camino para que se lo explique.


De pronto pasando por la hacienda El Medio, el viejo ve en el costado de una chacra, a un robusto toro que pasta tranquilamente junto a un árbol, por lo cual le dice a su compañero de viaje:
- mire oficial, acaso tiene usted algún tío ya fallecido.
- sí. Le respondió el guardia.
- pues ahí mismito lo está viendo usted, su tío puede haberse reencarnado en ese toro, ya que una persona según explicó el padre, cuando fallece regresa a este mundo tomando otra forma de vida.
Así siguieron por el camino montados en la burra, pasando estos por San Jacinto, donde desde lo alto de la carretera don Víctor divisa un corral de chanchos y en medio de este a un gran semental, que feliz se revolcaba en el barro; el dueño de la burrita nuevamente le dice al oficial:
- mire usted ese gran padrillo que se revuelca en el barro, pues de seguro usted tiene a su abuelo fallecido, pues ese mismito puede ser él, ahora me entiende ¿Qué es la reencarnación?

Arre burra
que se hace tarde
acaso no vis que el guardia
pelle de cólera y está que arde.

El oficial sumamente enojado por la explicación del atrevido hombre que hacía alusión ofensiva a la familia de este, lo amenaza con darle ahí mismo una tunda, la cual este nunca olvidaría; así estos dos continuaron con su camino, cuando de pronto Don Víctor nuevamente pregunta:
- señor oficial, con el debido respeto que se merece, quisiera saber cómo está la familia por casa.
El oficial contesta con algo de cautela para no ser nuevamente presa de las tomaduras de pelo de este atrevido hombre:
- todos bien gracias; mi mujer, mis hijos, a excepción de mi madre que falleció hace algunos años.
Cuando de pronto el hombre da un gran salto que lo pone fuera de la burra, el sorprendido guardia le sigue el paso para atraparlo, pensando que este quería escapar increpándole a la vez, el porqué de su acción diciéndole:
- que tienes, estás loco ¿por qué has saltado así?
- pero como se le ocurre a usted que yo voy a seguir con esto. Le contesta don Víctor.
- pero a que te refieres no te entiendo. Le responde el oficial
- a seguir montando hasta el pueblo a su santísima mamacita, haciendo referencia a la burrita que les servía de medio transporte.


El pícaro viejo respondió esto lanzando sendas carcajadas, ante la resignación del oficial, quien ya cansado de las burlas del faltoso hombre, en vez de cumplir con su amenaza de darle una ejemplar paliza, solo atinó a retirarse caminando hasta el pueblo, para no seguir siendo víctima de este incorregible timador, quien terminó por colmar la paciencia del alterado guardia y según este creía por mas tunda o reprimenda que le diera al irrespetuoso, este no iba a dejar de fregarlo y fregarlo. Entendiendo como dice el dicho de que “árbol que nace doblaó, nunca su tronco endereza”.

Que jue’ mi oficial
porque se me va,
si falta buen trecho de camino
y nadie lo está tratando mal.

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¿VINO DE YUCA? ¿MERMELADA DE CEBOLLA?, AQUÍ HAY ALGO MALO O VA A COCINAR MI SUEGRA


Para tontear y timar
no busques a un camanéjo
porque de eso nada tiene
más bien todo de vivo y pendejo.


Dos camanejos eran grandes amigos y compartían sus labores agrícolas a diario, así que apenas cantaba el gallo estos dos se iban con dirección al campo sombrero en pelo y lampa al hombro, entonando una alegre canción con sus potentes silbidos. Uno de los amigos llamado Rodolfo sembraba todo tipo de árboles frutales los cuales le daban riquísimas uvas, plátanos, pacáes, ciruelas, mangos, guayabas, higos, guanábanas, entre otras frutas, los cuales le daban ganancias mensuales.

El otro amigo de nombre Teodoro solo sembraba arroz y fréjol, recibiendo este, ganancias solo dos veces al año; lo cual motivó algo de celos de su parte, por lo cual Teodoro decidió hacerle una serie de bromas de mal gusto a su buen amigo.

Así fue que una tarde en la que Rodolfo no se encontraba en su chacra, Teodoro aprovechó esto para hacerse de algo de fruta de la huerta de su compadre, llevando un gran canasto que sacó de su casa, una vez estando allí se dispuso a sacar los inmensos racimos de uva y cuando ya tenía casi todo el canasto lleno, fue descubierto por Rodolfo, quien se sorprendió por lo acontecido; así que preguntó a Teodoro:

- ¿qué está haciendo usted compadre?

- ahí compadre ayudándole a cosechar unas yuquitas

- así compadre y ¿qué va usted a hacer con esas yucas?

- creo que un rico vino compadre

Para lo cual Rodolfo algo confundido ante la tomadura de pelo de su compadre le dijo:

- ahahahahah y yo compadre que pensé que me estaba robando usted

- no como cree usted, yo su fruta ni la toco. Le respondió Teodoro

Dejando pasar por alto la desleal conducta de su compadre.

Así pasaron los días y una semana más tarde Rodolfo encontró a Teodoro en la misma situación que hace unos días antes; pero esta vez, llevándose unos duraznos que el propio Rodolfo iba a cosechar al día siguiente, así que lo interrogo diciendo:

- ¿compadre que está haciendo usted?

- ahí compadre ayudándolo a cosechar unas cebollas.

- ¿y qué va a hacer usted con esas cebollas?

- una rica mermelada, la cual no dudare en compartir con usted

- ah que bueno compadre, porque yo pensé que usted me estaba robando

Subiendo un poco el tono de su voz

- no como cree usted eso, si yo ya le dije, yo su fruta ni la toco. Le respondió Teodoro

Así que Teodoro al tener el costal casi lleno, se retiró de la huerta ante la impotencia de Rodolfo, quien veía como su pícaro amigo Teodoro cada día le tomaba el pelo.

A la semana siguiente por tercera vez Rodolfo encontró a Teodoro en la misma situación; pero esta vez llevándose una cabeza de plátanos; así ya algo molesto ante el atrevimiento de su compadre le dijo:

- ¿qué está haciendo usted compadre?

- nada, nada compadrito solo ayudándole a cosechar unos choclitos nomas

- así y que va a hacer con ellos. Dijo algo molesto Rodolfo

- creo que le voy a decir a mi mujer que me los haga frititos con arroz. Respondió Teodoro burlándose nuevamente de su compadre.

Así que Rodolfo cansado de los abusos de su amigo, divisó a lo lejos que se acercaba la mujer de Teodoro, cuando una ingeniosa idea se le vino a la mente para vengarse de su desvergonzado compadrito; para lo cual este tomó raudamente su caballo, dirigiéndose a toda carrera hacia su vecina, la mujer de Teodoro, a la cual subió a la fuerza a su caballo, ante la sorpresa de su compadre, quien se encontraba aproximándose y le dijo:

- ¿qué hace usted compadre?

- aquí compadrito para ayudarlo en algo me llevo a su burra

- pero que va a hacer usted con ella. Dijo airadamente Teodoro

- unas cuantas guaguas nomas compadrito, ya que usted no las tiene y como me ha ayudado tanto, yo le voy a dar una ayudadita para estar a mano

Partiendo este seguido por Teodoro, quien soltó la cabeza de plátanos y corrió tras su compadre, el cual se alejó soltando grandes risotadas, quien con lo ocurrido dio una gran lección a su desleal compadrito.


Fuiste de vivo por lana
y saliste trasquila’o
ni todo el oro del mundo vale
lo que con tu mujer has paga’o.

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EL VIRREY LA SERNA Y UN CAMANEJO PATRIOTA




La madre y la patria
es lo que más se respeta
y al que diga que no
se las ve con mi escopeta.


Con los primeros gritos de independencia que propinaban nuestros compatriotas peruanos allá por 1824; se dio que Camaná tuvo la sorpresa de recibir la visita del mismísimo virrey La Serna, quien al ser derrotado en la batalla de Ayacucho huyó hacia nuestra provincia, en compañía del coronel Altahus y una escolta de más de mil hombres.

Al llegar los mencionados personajes a nuestra ciudad, fueron recibidos con gran algarabía por los residentes, quienes ofrecieron a estos hermosos arcos de flores y no dudaron en dar una gran fiesta en la casa de las niñas González; quienes eran unas señoritas muy hermosas, las cuales encabezaron la organización de dicha reunión.

Llegada la noche, la casa lucia más reluciente que nunca con una imponente mesa en medio de la sala, repleta de apetitosos animales perfectamente preparados entre otros manjares; la guitarra no se hizo esperar y así comenzó la fiesta.

Horas más tarde por las cercanías de la mencionada casa, se encontraba pasando Don Ignacio Chávez, quien era un camanéjo patriota que recién llegaba de la zona conocida como “las lomas” lugar donde éste se había enterado de lo acontecido en Ayacucho y pensó que esta fiesta dada en la ciudad, se ofrecía por la liberación de nuestra patria del yugo español.Texto Ignacio no podía resistir mas las ganas de compartir su alegría con la gente del pueblo, así que ni bien puso un pie en la casa de fiesta, vio a un elegante caballero, de imponente figura e impecable traje de cordones dorados en el pecho, el cual llamó su atención; este hombre era el virrey La Serna, quien se encontraba dando unas palabras de agradecimiento por la recepción dada hacia él y sus hombres; cuando de pronto Ignacio ante la emoción, no dudó en sacar su arma y lanzar unos entusiastas disparos al aire, gritando:

- ¡QUE VIVA LA INDEPENDENCIA, QUE MUERA LA SERNA Y QUE VIVA EL PERÚ CARAJO!

Lo cual sorprendió a los presentes y puso al virrey con los pelos de punta, llevándolo a colocarse bajo una de las tantas mesas, para salvaguardar su integridad; por lo acontecido Ignacio fue rápidamente apresado por los guardias del virrey, con lo cual nuestro amigo quedó sorprendido por su insospechado arresto, luego fue llevado al puesto de la guardia, donde se le puso al tanto de quien era el personaje, al cual había interrumpido.

A la mañana siguiente el virrey fue a visitar a Ignacio a su celda y al estar frente a este, le dijo:

- mi buen amigo no te preocupes, porque hoy volverás a casa con los tuyos; yo no puedo juzgarte porque esta tierra es mas tuya que mía y respeto que estés feliz al haber visto triunfar tu ideal, que es impulsado por tu corazón patriota, el cual es igual al mío, que también es fiel a su patria y a la voluntad de su rey.

Así Ignacio fue liberado y luego de unos días el virrey La Serna con su comitiva se preparaban para partir, despidiéndose de los lugareños, cuando de pronto el virrey divisó entre la gente a Ignacio, dirigiéndose hacia él, se bajó de su caballo para luego obsequiarle un hermoso sable, como muestra de respeto por su gran patriotismo; luego de este hecho el virrey se subió a su caballo y partió a su destino Quilca, donde se embarcaría con dirección hacia España.
Feliz el ave que puede volar,
feliz el pes que puede nadar
porque un camanejo solo es feliz
cuando grita su libertad.

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