viernes, 17 de septiembre de 2010

POR IR TRAS TU TAPA'O VISTE HERMANITO COMO TERNIMASTE


La verdadera amistad
no es la que se pinta con oro
sino la que con los años
en mi pecho atesoro.


Una mañana del mes patrio, dos hermanos se encontraban cuidando sus plantaciones de fréjol, el cual habían arrancado durante el día con mucho esmero y para no ser presa de malhechores, los dos decidieron pasar la noche en el lugar para cuidarlo; horas más tarde, los dos hermanos se encontraban postrados sobre la hierba, mirando el inmenso cielo estrellado, los cuales no podían conciliar el sueño; Pedro que era el mayor de ellos, comunicó su incomodidad a Juan su hermano menor; así que le hizo algo de conversación diciéndole:

- oye Juan, ya sabes lo que le pasó a Augusto

- no, que le ha pasado. Respondió él

- dicen que el otro día este se encontraba arando su tierra en compañía de su mujer, cuando de pronto escuchó el crujir de una vasija que provenía del suelo, así que no dudó ni un segundo en correr a traer su lampa para escarbar sobre la zona; ya que lo primero que se le vino a la mente, es que se trataba de un tapado; luego cuando él iba por su herramienta que se encontraba en el bordo de la chacra, su mujer se agachó y logró sacar parte de este con sus propias manos, ante la sorpresa de Augusto

- pero hermano, ¿quién te ha dicho eso? Preguntó Juan

- el mismísimo Augusto, por nuestra madrecita

- si es así que suerte ¿no? Hermano, con razón el otro día lo he visto, bien a los zapatos y a la ropa, debe ser un tremendo tapado

- ¿qué suerte? Más bien dirás ¡desgracia! Replicó Pedro. Su mujer por agacharse a recoger las monedas, la ha agarrado el antimonio y dicen que está en cama y no hay médico que la pueda salvarTexto - ah pobre, contestó Juan.

- así que mi hermano como decía nuestro padre “más vale pobre tosiendo que rico muriendo”, la plata no lo es todo en la vida y aunque no lo creas la maldita ambición, puede cambiar a cualquier hombre de esta tierra; bueno Juancito ya duérmete que mañana tenemos bastante trabajo.

Cuando de pronto, Juan divisó a lo lejos una candelita que bailoteaba sobre el bordo de la chacra contigua, así que alertó de esto a su hermano diciéndole:

- mira Pedro ¿qué es eso?,

El cual despertó asustado y dijo:

- no puede ser, creo que es un tapado y esa candela según lo que dicen es producida por el gas que emana del mineral, debe haber oro

Vamos se dijeron, entusiasmadamente.

Así que los hermanos se pusieron de pie y comenzaron a caminar apresuradamente con dirección hacia la misteriosa candela, cuando de pronto Pedro vio que su hermano menor le estaba sacando algo de ventaja, así que este se echó a correr, Juan para no quedarse atrás también tiró la carrera tras su hermano, lográndolo pasar nuevamente a este, así que a Pedro no le quedó más remedio que ponerle una zancadilla al entusiasmado Juan, quien cayó a una pequeña acequia; Pedro al estar cerca del supuesto tapado, se abalanzó sobre él gritando iracundamente ¡mío! ¡mío! ¡es mío! y grande fue la sorpresa de este al gritar nuevamente, pero esta vez de dolor a causa de las quemaduras que le ocasionó el supuesto tapado, que no era más que las brasas de una pajilla que habían sido quemadas por parte del vecino. Juan alcanzó a su hermano y no pudo aguantar las ganas de reír, al ver a este negro por la ceniza y con la camisa quemada por el fuego, diciéndole:

- pura boca no más eras hermanito, ya se te olvidó lo que nuestro padre nos decía
Pedro pidió una disculpa a su hermano sumamente avergonzado y con algo de molestia por el hecho, diciendo:

- ya vámonos a dormir, que mañana nos espera un largo día de trabajo, espero que nadie se entere de esto y que por esta noche no se hable más del tema, hasta mañana.



El oro en esta vida
dos cosas te puede dar
objetos con que distraerte,
saludos y besos de poca verdad.

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VIO USTED COMPADRITO QUE PARA PENDEJO NO HAY MEJOR QUE EL CAMANEJO


Allá por 1914, Raúl Ponce se encontraba a puertas de cumplir media centuria; el cual se preparaba para celebrarlo a lo grande con todos sus familiares y amigos, ya que este era muy querido por todos los pobladores del distrito de La Pampa. El cumpleañero para dicha fecha contaba con dos robustos cerdos, un borrego, dos pavos y tres gallinas; con los cuales pensaba preparar los más riquísimos platos.
Raúl en los días próximos a su fiesta, alimentaba esmeradamente a sus animales, cuando una tarde se apareció por casa su buen amigo Don Benito Fernández, alegrándose este por encontrar a su compadre dando jubilosos silbidos; comprometiéndose con él, a ayudarlo en lo que sea necesario y tener todo listo para la celebración.
Así llegó el día esperado y con el cantar del gallo, Benito fue a la casa de Raúl para ayudarle a degollar sus animales; luego los entusiasmados compadres se dirigieron a los corrales de la casa, para darse con la gran sorpresa de encontrar a todos estos tirados por el suelo, a los cuales les salía una rara espuma por sus hocicos y picos; lo que los llevó a pensar que habían sido envenenados. Raúl gritó de pavor ante la escena, al igual que Benito, quienes no podían creer lo que estaban viendo y a la vez se preguntaban espantados, ¿quién podría ser el autor de dicha atrocidad?; para ello Benito intervino diciendo:
- compadre solo alguien podría ser capaz de hacerle esto sabiendo que hoy se celebra su onomástico, que acaso ya olvidó usted quienes juraron vengarse por haberles ganado la última carrera de caballos; te acuerdas como reaccionaron cobardemente, para mí no pueden ser otros que los hermanos Zegarra
- ¿tú crees? Pregunto Raúl con cierta sospecha
- mire compadre, esta mañana cuando me dirigía a su casa, vi a los tres hermanos que se iban al parecer a “las Lomas”, los cuales al notar que venía hacía aquí, lanzaron un sinfín de carcajadas; así que estoy seguro de que fueron ellos.

Raúl se sentó en un tronco para pensar qué hacer ante la situación; cuando de pronto Benito tuvo una gran idea que lo hizo saltar de su sitio, diciendo:
- no se preocupe compadrito que nadie va a malograr su fiesta, esta noche va a haber comida y en abundancia se lo prometo; así que hágame caso, vaya a su casa y póngase ropa que nunca haya usado, un sombrero y una franela que le tape la cara, con el fin de que no se le reconozca; lo mismo voy a hacer yo, nos encontramos aquí mismo en una hora
- ¿pero qué vamos a hacer? Preguntó Raúl, algo desconcertado
- usted no se preocupe compadre, solo hágame caso y por el camino le explico, nos vemos en una hora. Se despidió Benito.
Así los dos compadres se encontraron en el lugar y hora pactada, vestidos como lo habían acordado, los cuales estaban irreconocibles por el aspecto de forasteros que llevaban; luego montando sus respectivos caballos se fueron con dirección al Cardo, lugar donde se encontraban las casas de los Zegarra, contando Benito su ingenioso plan a Raúl, el cual daría una lección a estos molestos paisanos.
Una vez estando allí se dirigieron a los corrales de los tres hermanos, luego comenzaron a tirar maíz remojado en vino a los animales, sin ser vistos por los familiares de los Zegarra.
La fiesta me quisieron joder
no saben la que les espera,
porque con este camanéjo
no se debieron de meter
Después de haber cumplido con emborrachar a los animales con la mezcla dada, los dos compadres se dirigieron a la plaza del distrito, donde hicieron un llamado de alerta a la población; para lo cual la mayoría de los cardeños contestó, dirigiéndose hacia ellos. Los dos amigos una vez que lograron reunir a toda la gente del pequeño pueblo, se presentaron como especialistas en enfermedades de animales de granja, los cuales fueron enviados de la ciudad de Arequipa para llevar a cabo un control, por motivo de que otras ciudades del departamento se encontraban infestadas con una temible epidemia y así cerciorarse si esta había llegado hasta nuestro valle; luego mandaron a todos los pobladores a revisar sus corrales, con la orden de que si veían algún animal de comportamiento extraño, estos sean traídos de inmediato ante ellos, para que así se los lleven raudamente a las afueras de la ciudad, donde serian quemados y con ello evitar el contagio. Rápidamente toda la gente corrió alarmada a sus corrales sin encontrar ningún comportamiento extraño en sus animales, a excepción de los familiares de los Zegarra; quienes vieron como sus animalitos no podían ponerse en pie, dando uno que otro paso para luego desplomarse; así Raúl y Benito ordenaron que esos animales sean traídos en su totalidad, al haber sido alcanzados por la temible epidemia; entonces los compadres tuvieron que hacerse de una carreta, al ser tal la cantidad de animales que habían recolectado, así se alejaron del lugar dejando vacios los corrales de los tres bribones.
Una vez lejos del distrito comenzaron a festejar y celebrar por haber burlado a los incautos familiares de los Zegarra, pasando luego por cada casa pobre del camino, regalando uno que otro animal, hasta que se quedaron con lo necesario para llevar a cabo la gran fiesta.
Los Zegarra, al llegar la noche retornaron a sus casas luego de haber tenido un arduo día de trabajo en “las Lomas”, sin dejar de regocijarse por haberle malogrado la fiesta a Raúl; una vez que llegaron estos, se dirigieron a sus corrales para guardar los caballos, cuando de pronto grande fue su sorpresa al no encontrar ni uno solo de sus animales, lo cual los llevó a pensar que habían sido presa de ladrones, para luego correr a sus casas a pedir una explicación de lo sucedido, donde sus familiares pusieron al tanto de lo acontecido ese día; los hermanos gritaron de cólera al darse cuenta que habían sido burlados, y que estos dos forasteros no podían ser otros que Raúl y Benito; así que enfurecidos tomaron sus caballos y se dirigieron a la casa del festejado, donde encontraron a toda la gente bailando y cantando de alegría, los cuales al ver a los tres hermanos no dudaron en tirarles las cabezas de sus animales sacrificados, burlándose de estos por habérsele dado una gran lección; por lo cual a los hermanos no les quedó más remedio que retirarse a sus casas, enfurecidos hasta los huesos.

Lo más rico en la vida es comer
más aun si lo que se hizo en las ollas,
uno no se preocupó en alimentar
ni hacer crecer.

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MI GALLO UN HERMANO, UN COMPAÑERO, UN AMIGO


El gallo que es bueno
de todas sale adelante
por mas difícil que la tenga
no hay vez que no se levante.


Esa mañana como todas, era inundada por el canto de numerosos gallos que aleteaban vigorosamente en sus jabas, anunciando el comienzo del día; este hecho era algo común en nuestra tierra allá por los años 30, donde la gente tenía una gran afición por las aves de riña en la modalidad de pico; tanta era la afición de estos, que no había casa en la cual su patio trasero no esté repleta de jabas, revolcaderos y por supuesto como no podía faltar un gran ruedo; en donde se preparaban o si se daba el caso, se daban las respectivas “chusqueadas” de los valientes luchadores; los cuales demostraban su destreza, en las arenas de los concurridos coliseos de la provincia.

Don Julián Benítez conocido criador del valle, se encontraba como todas las tardes en el patio de su casa, alimentando a sus queridas aves silbando una alegre tonada, cuando de pronto fue sorprendido por un fuerte dolor en el pecho, el cual lo llevó al suelo de forma abrupta; don Julián fue llevado al hospital aquejado por un pre infarto que por poco le quita la vida, según lo anunció trágicamente su médico; por lo cual se le mandó al paciente de regresó a casa, con la orden de guardar cama religiosamente.

Don Julián luego de este desafortunado incidente sentía que las horas se le estaban acabando, así que no dudó en llamar a su único hijo llamado Mateo, el cual al igual que él, era aficionado a los gallos como todo buen camanejo de esa época, para así confiarle la tenencia de un ave que era muy especial para el viejo criador, esta sería ni más ni menos que su finísimo gallo ajiseco; el cual don Julián después de una vida dedicada a la gallística y luego del cruce de innumerables líneas, creía tener el mejor gallo que sus ojos habían visto, confiándoselo a este, le dijo:

- hijo este es uno de los mejores gallos que han visto mis ojos, ahora que estoy por dejar este mundo, quiero que sea tuyo para que lo cuides y juegues a tu nombre; tengo la seguridad de que cada vez que quieras que este gallo te de la victoria, no te defraudara; pero eso si hijo mío, tienes que respetarlo por su gran nobleza y entrega, como yo hice en vida con todas las aves que tuve bajo mi cuidado
Luego de decir estas palabras, don Julián dio un profundo respiro y luego murió.

Así pasaron los meses y la tranquilidad de Mateo fue interrumpida por la repentina enfermedad de su esposa Melva, ya que con el tratamiento de esta, Mateo tuvo una serie de problemas económicos que lo estaban llevando a la desesperación.

Una mañana en que Mateo salió a caminar al patio de su casa, pensando en una solución para sus desdichas, fue que escuchó el bravo cantar del ajiseco regalado por su padre, con lo cual una gran idea se apoderó de su mente; Mateo se dispondría a preparar el magnífico gallo, para así hacerlo pelear en las fiestas de la provincia próximas a esos días, y con ello poder contar con algo de dinero que lo saque de su difícil situación.

Pasaron las semanas y el día del enfrentamiento había llegado, Mateo se dirigió al coliseo donde pelearía el fiero ajiseco que le regaló su padre; a la hora de la pelea, el orgulloso dueño se acercó al ruedo donde se aprestaría a soltar su gallo, al cual le tocaba pelear con un hermoso giro del reconocido galpón “vencedores” de la ciudad de Arequipa, para luego empezar la riña con la orden del juez; Mateo soltó al fiero ajiseco, quien se abalanzó sobre el veloz giro, propinándole una mortal y certera patada en el pecho, la cual le dio muerte en unos pocos segundos; Mateo saltó de alegría y elevó su gallo al cielo como muestra de agradecimiento a su padre por el regalo que le había hecho; así con el dinero ganado en la pelea, orgulloso gallero logró costear los gastos de la enfermedad de su esposa y otras desavenencias por las cuales pasaba.


Habrase visto mayor hermandad
que la nuestra compañero mío,
tu cantas porque has ganado
y yo canto porque eres mío.


Así pasaron los meses y el gallo ajiseco de Mateo comenzó a acumular victorias, motivo por el cual su dueño fue asediado por jugosas propuestas de compra de la famosa ave, de parte de los más adinerados galleros de la provincia; queriéndose pagar una suma nunca antes ofrecida por un gallo de pelea, pero Mateo no se dejó persuadir y continuó orgulloso al lado de su ajiseco.

Con el transcurso de los meses este afamado gallo, no encontraba rival alguno en Camaná, por lo cual Mateo se paseaba siendo respetado por sus triunfos; un día de esos el orgulloso dueño, se topó este en pleno coliseo con Don Pedro García, quién era un antiguo rival de su fallecido padre; el cual hace ya varios años polloneó a uno de los mejores gallos de éste y cuyo ganador luego de lo sucedido se burló de don Julián, ante su derrota; este episodio logró marcar la memoria de Mateo, quién lleno de ira se le acercó a este y sin pensarlo dos veces lo desafió diciendo:

- don Pedro, aun recuerdo el día en que usted se burló de mi padre, pero aquí estoy yo para defender su honor, así que si es muy hombre acepte una pelea con mi ajiseco o cree que es mucho gallo para los de usted

Don Pedro no pudo negarse ante tal atrevimiento, así que aceptó el desafío; Mateo corrió a su casa a traer al ajiseco, estando de regreso rápidamente; una vez frente al ruedo, entraron los soltadores para llevar a cabo el tremendo desafió; la gente se encontraba expectante y ansiosa por la interesante pelea; hasta que escuchó la voz de:

- ¡suelten los gallos!

El ajiseco de Mateo y el gallino de don Pedro se echaron a pelear, la riña estuvo pareja con una demostración de valentía y fiereza por parte de las aves; ante los gritos de emoción de todos los asistentes, que nunca habían visto tan emocionante contienda; después de un revoloteo el gallo de don Pedro cae gravemente herido a un lado del ruedo, dando Mateo fuertes gritos de emoción que saciaban su sed de venganza hacia el dueño del gallino; el ajiseco lo miró fijamente sin darle muerte a escasos pasos de él, hasta que el gallino haciendo honor a su raza, no podía dejar de luchar teniendo aun un ápice de vida; así que este se abalanzó sobre él ajiseco, quien también respondió al ataque y luego de este revoloteo, cayeron los dos gallos heridos de muerte a la arena, los cuales ante el asombro de la gente, murieron.

Mateo no podía creer lo que había hecho, con lo cual un fuerte remordimiento se posó en su conciencia, por haber hecho caso omiso a los consejos de su recordado padre y por cómo le había faltado el respeto a su querido gallo ajiseco, al cual lo jugó por una simple venganza y sin haberlo siquiera preparado. Mateo corrió hacia su fallecida ave tomándolo entre sus brazos como muestra de arrepentimiento, pero ya era muy tarde, el ajiseco había muerto y con esto la leyenda de este gran gallo había nacido.

Así comenzó Mateo su triste recorrido hacia el cementerio de la ciudad; donde al estar frente a la tumba de don Julián, pidió perdón con el ave entre sus brazos, para luego proceder a enterrarlo al lado de la tumba de este, lo cual le recordaría siempre a él y a la gente que conoce de esta historia, que se debe respetar la nobleza de los gallos, ya que estos dan sus vidas en los ruedos, para darnos la tan ansiada victoria.



Mi mujer y mi gallo
son los que más me han conocido
mi gallo por fiel
y mi mujer por perdido.


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AMORIOS EN CHULE, PATITAS PA' QUE LAS QUIERO


Porque tanto laberinto
ni tanta mueca por el color
si al final la sangre es roja,
blanco y puro nuestro amor.


A los alegres chuleños les sentaba bien el amor allá por los años 50, ya que este pueblo se caracterizaba por tener hermosas mujeres y hombres corajudos de gran valía, cuyo fruto de este sincero amor, dieron lugar a las futuras generaciones que hoy conocemos; pero si este amor era entre una joven chuleña y un forastero, dicho amorío no era bien visto por nadie del pequeño pueblo. Los celosos padres, hermanos y primos de la pretendida, hacían hasta lo imposible para acabar con esta unión y vaya que esto si era un problema, sobre todo si la pretendida sería nuestra querida Mechita, quien era la menor de los cinco hermanos de la familia Herrera; la cual ya pintaba sus bien agraciados 18 añitos y se había convertido en una hermosa morena de pelo rizado y fina figura.

Una mañana estando en casa, los hombres de la familia Herrera, se llevarían la sorpresa de sus vidas; al presentarse su hermanita por la hora del almuerzo de la mano con su novísimo pretendiente, el cual no era ni más ni menos que Juanito Benítez, un joven respetuoso e hijo de un rico agricultor de la provincia; quien se había quedado prendado ante los encantos de dicha morena.

Fue la primera vez que los miembros de la mencionada familia se habían visto las caras tan pálidas, por la impresión que esto les causó, ante la decisión de su hermanita de tener un novio ¡hay mamita ya se imaginaran!. Este muchacho contaba con la aprobación de la madre de Mechita, quien lo consideraba un buen marido para su hija, por ser este de una buena familia; ya que fue ella misma quien invitó a almorzar ese día al mencionado joven. Así que ni bien Juanito puso un pie en el comedor, todos los hermanos no dudaron en tratar de darle una lección, por haber osado meterse con su querida hermanita; por lo cual el joven no dudó ni un segundo en tirar la carrera con dirección hacia la calle; este hecho causó gran sorpresa y a la vez fue motivo de gracia por parte de los habitantes de Chule, quienes ya sabían de la suerte que correría quien ose siquiera mirar a esta joven; pasando luego a toda carrera por el distrito de San José, los cuales también disfrutaron jocosamente de la situación del desafortunado muchacho, siendo perseguido por los cuatro fornidos morenos, hermanos de la preocupada Mechita, por la suerte que correría su amado si era atrapado por estos; así se dirigieron hacia el pueblo con la suerte de que Benito contaba con una envidiable condición física, llegando a la plaza de armas, donde el muchacho se refugió en la casa de su padre, logrando ponerse a salvo.

Luego de varios días, los hermanos sin dejar de estar al tanto, si el mal visto joven osaba nuevamente acercarse, a la ahora bien custodiada muchacha; fue que una noche en que el menor de estos tuvo un mal sueño, quien luego se levantó y dirigiéndose al patio de la casa para tomar algo de aire fresco, sorprendió a su hermana en una entretenida plática con Juanito, el cual se valía de la altura de un árbol para ver a su amada; el celoso hermano al descubrir tal desfachatez, lleno de cólera ideó un plan para hacer desistir de su pretensión al atrevido, comunicando a sus hermanos de lo sucedido.

A la noche siguiente los cuatro hermanos de Mechita se prepararon para llevar a cabo su maléfico plan en contra del enamorado joven, quienes se anticiparon a la visita de este, que venía a pie solo por el camino, sin saber la sorpresa que se llevaría; fue así que los hermanos procedieron a meterse en sus respectivos escondites, luego el muchacho al pasar por la higuera que esta justamente en la misma curva antes de llegar a Chule, estos salieron de sus escondites dando fieros gritos, cubiertos con unas sabanas blancas emulando espeluznantes seres fantasmales, con lo cual Juanito no dudó en dar media vuelta y tirar la carrera muerto de miedo hacia su casa, no volviendo a aparecerse más por Chule, ni tampoco pasar por tal higuera, ni mucho menos pretender seguir en amores con su amada Mechita, ante tal impresión.

Este episodio fue realizado varias veces en este mismo sitio, conocido como “la curva de la blanca”, por la supuesta aparición que ahí acontece a los aventureros enamorados; lo cual no es nada más que una broma de mal gusto de un celoso familiar chuleño, hacia un pretendiente con quien no simpaticen.
Hay mamita ya los quiero ver,
porque esa negrita
como a este pechito
otro no ha de querer.

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CALDO DE GALLINAS ROBADAS


Que bailen y canten todos en febrero
que es mes del ño carnavalón,
mes donde mi tierra es una fiesta
se pinta y moja feliz el corazón.

En nuestra provincia, allá por el año 1905 los jóvenes de aquella época tenían como costumbre en sus noches de bohemia, elegir a una persona de su grupo ya sea con motivo o sin él, para que sea quien lleve a cabo una intrépida acción, la cual consistía en aprovechar la oscuridad de la noche, para hacerse de una apetitosa gallina de las tantas que abundaban en los patios de las casas de ese entonces y con ello disfrutar del dichoso “caldo de gallinas rodabas”.
Fue así que se dio la visita del limeño Pablo Arce, por motivo de la celebración del aniversario de nuestra provincia, el cual se sentía identificado con esta, ya que sus padres habían nacido ella; dicho joven se hizo de un grupo de amigos, con los cuales vivió un sin fin de aventuras en las noches de bohemia acontecidas en el valle.
Este grupo de jóvenes de la época conformado por Artemio Ramírez, José Chaparro, Juan Rospigliosi, Faustino Pinto, el limeño Pablo Arce y un conocidísimo nuestro el Dr. Don José María Morante, quien en sus años mozos de juventud no fue ajeno a las costumbres de la época. Los cuales pasaban sus días entre aventuras y noches de baile, haciendo gala de sus mejores trajes en las fiestas que se ofrecían en Camaná y sus distritos; bailando y cantando hasta ya no poder hacerlo más, sin dejar de cortejar a las bellas muchachas que se hacían presentes, para luego de una noche de júbilo, elegir al intrépido de la jornada, el cual se haría cargo de la cuestionada costumbre de robar la gallina para preparar el reponedor caldo de esa noche; esta costumbre era repudiada por la gente mayor del pueblo quienes no veían con buenos ojos tal comportamiento, al ser víctimas de la costumbre de los inquietos jóvenes.

El bribón de esa noche seria esta vez Faustino Pinto, quien se autoproclamó para llevar a cabo la hazaña, alardeando de su destreza en este arte como ellos mismos lo calificaban y por ser el llamado líder del grupo; así que sin pensarlo dos veces y haciendo gala de una envidiable condición física, este pegó un salto y en pocos segundos burló la pared sin hacer mayor esfuerzo, luego de unos minutos, estuvo de vuelta con la gallina muerta bajo el brazo; los jóvenes se retiraron a la casa del autor de la proeza, sin dejar de comentar sobre todo lo acontecido esa noche: sus amores, desamores, contentos y descontentos entre otras cosas.
Buen provecho se decían y no se escuchaba palabra alguna, hasta que los platos quedaban totalmente vacios, felicitando claro está, la destreza del cocinero, quien modestia aparte atribuía el riquísimo sabor de la preparación al hecho de que esta gallina sea robada y no a su sazón, lo cual era motivo de risa para todos.

Qué rica la gallina de don Carlos
gordita y pechugona
pero más deliciosas me parecen
sus hijitas Marianita y Ramona.

Casi sin avisar llegaron los carnavales veraniegos y en una fiesta ofrecida el mismo 15 de febrero que era cumpleaños de don Román Salazar, este invitaba a su casa a los jóvenes de la época, donde luego de almorzar salían a jugar con los ya desaparecidos polvos “magnolia” y botellitas de agua florida; allí también había una gran mesa llena de apetitosas frutas, las cuales por medio de la algarabía, se convertían en parte del juego de los jóvenes; luego en medio de la fiesta estos muchachos aprovechaban para cortejar a las bellas señoritas, como lo hizo un día de esos Pablito Arce, el cual quedó impactado por la belleza de una muchacha de nuestra provincia, solo que la joven a la cual él pretendía era ni más ni menos que Marianita Granda, quien ya enamoraba varios años con Faustino Pinto; el mismo que ese día fue puesto al tanto de la pretensión del forastero amigo; así que por la amistad que había entre ambos, el supuesto ofendido increpó de buena manera a Pablo, creyendo que no se trataba más que de un malentendido, como lo afirmó el mismo visitante, dándose estos la mano y pasando el incidente por alto.
Así pasaron los días y Faustino fue una tarde a visitar a Marianita como ya era costumbre, acercándose a su ventana donde después de tocar esta con unos golpes característicos, se presentó la muchacha hecha una fiera increpándole a este por haber supuestamente hablado mal de ella, en cuanto a su comportamiento jovial con los demás hombres; la ofendida joven luego de enterarse del hecho no quería volver a ver a su sorprendido enamorado. A Faustino le causó gran sorpresa lo dicho por su enfurecida amada, hasta que por fin logró tranquilizarla y luego de esto, le pidió que por favor le dijera quien le había dicho tales cosas, de las cuales él negaba ser el autor; hasta que Mariana luego de unos minutos, ya más tranquila y dudando sobre lo antes dicho por parte de su enamorado; decidió decirle quien le había contado tal cosa; así mirando a los ojos a Faustino le dice:
- fue Pablo, tu amigo
- ¡pero qué cosa!
Dijo el joven, el cual no podía creer que su supuesto amigo sería capaz de llevar a cabo tal acto; luego los dos siguieron conversando sin dejar de mencionar lo sucedido y por supuesto con Mariana ya completamente convencida de la inocencia de su novio.
Pasaron los días y Faustino se encontraba ideando un plan para vengarse de su supuesto amigo Pablo, así que a la semana siguiente el joven contó de lo sucedido al resto de amigos, pidiendo a estos que por favor lo ayuden a llevar a cabo su venganza, los cuales accedieron gustosos; horas más tarde llegada la noche, luego de bailar y cantar como era costumbre, los jóvenes se retiraron a sus casas contentos por ser esta, la última fiesta de carnavales del año, después de haberse divertido tanto y donde no podía faltar la intrépida costumbre; así que Faustino señaló a Pablo como el elegido para llevar a cabo la proeza de esa noche, quien tomó la designación con gran asombro, pero este no podía rehusarse a tal elección.
Así llegaron a la parte trasera de una casa y Faustino dijo:
- aquí es, así que suerte mi amigo
Pero esta casa no sería ni más ni menos que la de los padres de Marianita, a lo cual el joven accedió al no saber quién era dicho propietario; una vez estando allí adentro y valiéndose de la oscuridad que reinaba esa noche, el joven logra sacar una gallina de su corral, cuando de pronto se escucharon una serie de bulliciosos ruidos dados por los otros animales del corral, producto de numerosas piedras que caían sobre ellos, acto seguido por una serie de risotadas por parte de los jóvenes, quienes a la vez gritaban ¡ladrón! ¡ladrón! desde las afueras de la casa. Este hecho despertó al padre de Mariana, quien salió provisto de una gran escopeta, pensando que se trataba de un malhechor que intentaba apropiarse de uno que otro animal de su corral; de pronto el joven emprendió la huida, tropezando en la oscuridad de la noche y preso de la desesperación fue atrapado por el señor dueño de casa, ante la sorpresa de todos sus familiares que despertaron con el ruido, para luego este conducir a Pablo al puesto de guardia.
El asustado muchacho fue recluido toda la noche, sin dejar este de dar gritos de inocencia e intentar explicar lo sucedido; el grupo de jóvenes, amigos de Faustino al enterarse de lo acontecido, se felicitaron por haber logrado su propósito de dar su merecido al irrespetuoso y desleal Pablo, quien al día siguiente avergonzado por el hecho, partió hacia su ciudad natal.


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martes, 14 de septiembre de 2010

EDUCACIÓN, HAY MAMITA LA DE MIS TIEMPOS


Firmes, descanso y atención
que entró el maestro al salón,
al que no siga la orden
le caerá su coscorrón

Cosa curiosa me pareció el enterarme, que cuando mi padre y abuelo pasaron sus tempranas vidas por las aulas del colegio, estos sufrieron más de uno y mil problemas, con los ejemplares castigos que les imponían sus maestros de escuela, propios de la educación de aquellos tiempos; para así reprocharme diciendo:
- ¡educación, la de mis tiempos!
Es que si bien es cierto, la rigurosidad con la que ellos fueron tratados en los años en que recorrieron aulas, recibiendo castigo y todavía del bueno, es digno de comentario y admiración; para yo más bien agradecer, el no haber padecido tan severas y drásticas técnicas educativas. Así que como remembranza a esa frase “educación la de mis tiempos” es que procedo a contarles esta costumbre, que a su vez está inspirada en un relato del Dr. José María Morante, el cual fue un destacado alumno en su momento, para luego convertirse en un recordado maestro que formó en aulas a grandes generaciones de jóvenes de nuestra provincia, cuya educación como el mismo narra me hace recordar los sermones de mis ascendientes y a la vez también apreciar el periodo evolutivo educacional, del cual los jóvenes de mi época gozamos.
Así comienzo a contarles sobre don Carlos Zúñiga, educador que nació a los pies del Misti, de quien se dice fue por demás severo, riguroso y recto; como a la vez un hombre muy trabajador. Igualmente lo vivió en carne propia, el autor de nuestra monografía y su fiel compañero de estudio don Pedro Cárdenas, quien años más tarde se convertiría en uno de los hombres más reconocidos de nuestra provincia; quienes luego de cometer una que otra travesura fueron víctimas de la palmeta, el látigo y la regla; con la que se castigaba a los niños de ese entonces que cometían un acto de indisciplina, producto de la inquietud de su niñez.

Una mañana de clases, ni bien sonó la campana del recreo, el inquieto Pedrito se percató de la presencia de un burrito que se encontraba en un rincón del patio, pastando tranquilamente; así que este no dudó en desatarlo y darle una que otra palmada, para lo cual el borrico salió a toda marcha por el local del plantel, ante las risas y gritos de los niños presentes.


Niño travieso pata de judas
quedate quieto,
que ahorita te chapo
del pescuezo y te lo aprieto

El animalito corrió y corrió ante el asedio jubiloso de Pedrito y sus compañeros; seguidamente el asustado burrito se dirigió hacia el aula del quinto grado, donde la maestra de escuela Victoria Gutiérrez se encontraba dando clases, asustando a todos en el recinto; luego para colmo de males este animalito atendiendo al llamado de la naturaleza y empeorando la situación, ensució el piso del aula, ante la sorpresa de todos; la maestra alzó la voz y dio un grito diciendo:
-¿Quién es el culpable de esto?
De pronto un gran silencio se apoderó del salón de clases y una a una las miradas se fueron dirigiendo hacía Pedrito, quien llegó con sus compañeros de travesura al aula en mención; la maestra dirigiéndose al supuesto autor, le dijo:
- voy a dar parte de esto a tu maestro
El niño pensando que la travesura no había terminado. Respondió:
- no le dé parte, mejor désela toda, ya que mañana es cumpleaños de este y creo le hará falta un buen pastel
Haciendo referencia a lo expulsado por el animal, lo cual fue motivo de risas por parte de los alumnos y del mismo Pedrito, que no se percataba aun de la magnitud de su travesura.
Por lo sucedido el intranquilo niño fue llevado a rendir cuentas por su comportamiento ante el director de escuela y su maestro don Carlos Zúñiga, quienes le increparon por su conducta, diciendo:
- Pedrito ¿otra vez tu?, dime ¿porque te comportas de esa manera?
El niño mostrando algo de arrepentimiento, levantó su cabeza dirigiéndose a sus educadores pidiendo una disculpa a estos; los dos maestros se miraban sorprendidos al ver que este pequeño, había sido capaz de causar tremendo alboroto. Tratando de pensar en un castigo ejemplar, el cual logre enderezar la conducta del travieso; entonces los educadores acordaron imponerle la sanción, el día lunes siguiente.
Pedrito sabía que el día sábado se celebraba el onomástico de su maestro don Carlos y que este, tenía la costumbre de premiar a los alumnos que ese día le llevaban obsequios, otorgándoles respectivas tarjetas de disculpas, pensando que así estas aliviarían en algo su castigo. Llegado el día esperado por los alumnos del cumpleañero uno a uno iban apareciendo estos, provistos de patos, gallinas, pavos, camotes, pocos de frejol entre otros obsequios; los cuales eran bien recibidos por el maestro y con ello entregadas a su vez, las deseadas tarjetas de disculpas, las cuales valían doblemente si estas llevaban su firma al ser canjeadas por algún animal, como dicha autoridad lo señalaba y una disculpa por cada poco de arroz, frejol o algún otro producto, cuya tarjeta de disculpa no tenía la rúbrica del maestro; el travieso niño no podía dejar pasar esta oportunidad, así que este juntó la mayor cantidad de obsequios en compañía de su fiel amigo José María quien apoyó a su compañero en esta misión.
Así llegado el mediodía del sábado, los dos muchachos tenían en su poder dos gallinas, dos patos, un pavo y un poco de camote; con lo cual Pedrito creía que sería más que suficiente, para suplir el castigo que le impondría su maestro, recaudando cinco tarjetas con sus respectivas firmas y una sin ella; luego al momento de repartir las tarjetas de disculpas, Pedrito insistió en que su buen amigo se quedara con una de las once disculpas que lograron obtener, guardándose para el tan solo diez; exigiendo este a José María para que conserve una para su uso personal; a lo cual el niño se rehusaba, por creer que esta le haría más falta a su compañero, para lo cual Pedrito le replicó diciendo:
- mi buen amigo, mejor guárdalo para otra ocasión en que te haga falta, yo creo que con las diez disculpas que cuento, son más que suficientes.
Llegado el día lunes, Pedrito fue llamado al pupitre del maestro Zúñiga, donde el niño pidió las disculpas correspondientes y presentó sus tarjetas de disculpas recaudadas, creyendo que con ello quedaría todo zanjado; pero esto no fue así, ya que el maestro le dijo:
- mira Pedrito para que te libres de esta sanción, necesitas cuanto menos veinte disculpas, ya que tu travesura ha sido tremenda y tu solo cuentas con diez, así que atente a las consecuencias. Pedrito no sabía qué hacer, dada la noticia por parte del maestro, pero de pronto se le ocurrió una gran idea; así que le dijo a su maestro don Carlos:
- bueno profesor sé que me he equivocado, lo reconozco pero por favor permítame atenuar mi situación haciéndole una pregunta de ciencias naturales que no me ha quedado clara, si usted no me contesta me tendrá que dar diez disculpas con las cuales yo saldré bien librado; pero si me contesta entonces yo le otorgaré una de mis disculpas y me quedaré con nueve, agravando mi situación.
El maestro lo pensó por unos momentos y creyendo en el arrepentimiento del muchacho accedió a su petición diciendo:
- haber Pedrito más vale que tu pregunta sea buena, así que comienza
- ¿Cuál es el animal que sube a las lomas en dos patas, una vez que llega, lo hace con tres, de regreso baja con cuatro y cuando llega lo hace con cinco
El maestro pensaba que esto se trataba de una agarrada, así que lo pensó y pensó ante la sorpresa de todos los alumnos presentes que veían en la cara del instructor cierto desconocimiento ante la pregunta hecha, este luego de un momento de silencio se dio por vencido y dijo a Pedrito:
- la verdad, no sé la respuesta
El niño al escuchar esto corrió alegremente a su lugar a abrazar a sus compañeritos que gritaban alegremente; Pedrito rápidamente se dirigió a José maría y le dijo:
- dame por favor la tarjeta con la disculpa que te entregué
- pero para qué la quieres. Replicó el muchacho
- que no te das cuenta que esto todavía no ha terminado
José María procedió a dar su única disculpa a Pedrito, cuando de pronto un fuerte golpe de tableta sobre el pupitre dejó a todos pasmados, era el maestro Zúñiga quien intervino, para que Pedrito le de la dichosa respuesta; el avispado alumno que se le acercó y le dijo:
- bueno maestro yo ya cumplí mi parte del trato, porque usted no supo dar una respuesta a mi pregunta, así que mi castigo ha quedado olvidado por las veinte disculpas que he logrado conseguir
- ¿Así? todavía esto no se acaba, me tienes que decir la respuesta
El niño se le acercó al maestro diciéndole:
- bueno, yo también voy a cumplir mi parte del trato y como se lo prometí le entrego una de mis disculpas porque yo tampoco se cual es ese animal, ni siquiera sé si existirá
El aula quedó perpleja ante la respuesta de Pedrito, mientras todas las miradas apuntaban al maestro Zúñiga, cuando de pronto una gran carcajada brotó de los labios del maestro, quien en sus años de ejercicio no había visto un niño con tal ingenio y osadía; así que este decidió perdonar al muchacho mandándolo a su asiento, sin dejar de pensar en la lección que el intrépido niño le había dado, pensando en que no siempre reza el dicho que dice: “mas sabe el diablo por viejo que por diablo”, esta vez creo que claramente no fue así.

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PA’ QUE COMPADRITO, PA’ QUE


Dejame tranquilo compadrito
que acá yo soy feliz,
al lado de mi gente camaneja
tengo todo lo que vos no tenis

Don Pedro Pablo Rodríguez modesto agricultor de nuestro valle, se preparaba una tarde del mes de febrero para recibir a su extrañado compadre Felipe Valdivia, el cual era oriundo de Camaná pero dejó este su ciudad natal hace ya varios años, para buscar suerte en la capital. Una vez llegado el compadre fue recibido por la familia de Don Pedro Pablo con grandes muestras de cariño, haciendo estos una gran fiesta en su honor, en la cual se comieron los más ricos potajes de la zona y se bailó hasta altas horas de la noche.
Al día siguiente los dos compadres fueron a dar una vuelta por los campos de cultivo de Pedro Pablo, luego de caminar por un buen rato se recostaron bajo la sombra de un frondoso sauce, donde Felipe le dice a Pedro Pablo:
- y usted compadre hasta cuándo va a estar acá con lo mismo, ya pues agarre sus cosas y vámonos a Lima.
- y pa’ que. Contestó tímidamente Pedro Pablo
- ¡como que para que! a mí me va de maravilla, trabajo tengo en abundancia ahora el dinero no me falta, me doy todos los gustos que quiero y puedo venir unas cuantas semanas a mi tierra para descansar tranquilo.
Luego que terminaron la conversación se dirigieron a la casa de don Pedro, donde el compadre Felipe toda la semana que estuvo de visita continuó tratando de convencer a Pedro Pablo de su gran dejar Camaná, a lo cual él contestaba con un simple ¡y pa’ que! lo cual volvía loco a Felipe, quien no entendía el porqué de la negativa de su compadrito; hasta que este se despidió el fin de semana que terminaban sus vacaciones, para regresar a la capital prometiendo volver.Al siguiente año, volvió el querido compadrito Felipe, siendo nuevamente bien recibido por la familia de Pedro Pablo. A los días de su llegada el ahora adinerado compadre es invitado a pescar por el dueño de casa, dirigiéndose luego estos a la playa, donde atraparon dos hermosos lenguados y después de un reconfortante baño antes de regresar a casa, Felipe volvió a decir a Pedro Pablo:
- y usted compadre hasta cuándo va a estar acá con lo mismo; ya pues agarre sus cosas y vámonos a Lima
Para lo cual y ante la sorpresa de Felipe, Pedro Pablo le contestó con un apacible y calmado:
- y pa’ que
- ¡como que para que! míreme a mí; este año formé una prospera empresa, en la cual tengo a más de veinte hombres a mi cargo, dándome esta buen dinero, hasta me di mi tiempo para venirme unas semanitas a mi tierra y así pasarla bien alado de mi esposa
Minutos más tarde los compadres emprendieron el regreso a casa, para lo cual Felipe en todo el transcurso del camino trató de convencer de las mejorías que tendría su hospitalario compadrito en la capital, pero este nuevamente le contestaba de manera sarcástica con un repetitivo “pa´que”, mortificando al invitado; hasta que pasaron los días y Felipe tuvo que regresar a Lima, pero esta vez fue Pedro Pablo quien invitó a este a venir de visita el año siguiente y también le dijo:
- óigame compadre a su regreso hablaremos de ese asuntito de la capital que tanto le interesa
Así estos dos se despidieron con un fuerte abrazo.
Con la llegada de las próximas vacaciones se dio el regresó del esperado compadre, al cual recibieron con una gran cena, donde se sirvieron apetitosos platos para la ocasión, los cuales comieron hasta estar más que satisfechos; días más tarde Pedro Pablo invitó a Felipe a traer camarones del río, por ser temporada, así los dos compadres una vez estando con su cesto lleno de este preciado crustáceo, decidieron retirarse ;luego por medio del camino rumbo a casa, Felipe volvió a decir a su compadre lo mismo que le dice cada año:
- y usted compadre hasta cuándo va a estar acá con lo mismo; ya pues agarre sus cosas y vámonos a Lima
Pedro Pablo no desaprovecharía la oportunidad para decir su ya conocida frase, que molestaba tanto a su compadre diciéndole:
- y pa’ que
- ¡como que para que! si Lima es lo máximo; este año mi empresa ha crecido mucho mas y ahora hemos abierto una sucursal en otra ciudad importante, soy un hombre respetado allí, el dinero no me falta y hasta me compré mi propio carro para viajar hasta aquí, y poder estar con mis hijos que querían pasar las vacaciones conmigo; no se le olvide que el año pasado al despedirnos me dijo usted que hablaríamos de este tema, que cree que ya lo olvide, no señor.
- a Lima irnos y pa’ que; jajajajajajaja. Le contestó Pedro Pablo soltando una gran carcajada
- no se ría compadre que no es broma, es una concreta proposición
- mire compadrito le voy a contestar como se lo prometí, aunque la respuesta ha estado siempre frente a sus ojos. Hace tres años que viene y nos visita en sus cortas vacaciones; el primer año que vino, usted me dijo que se la paso trabajando y que solo pudo venir por unas semanas, así que para mi usted perdió, al estar lejos de su tierra que tanto añora; el segundo año que vino de igual manera me contó que su negocio creció y que al fin se pudo dar una escapada para descansar al lado de su esposa, para mi compadrito usted perdió de nuevo, porque por estar trabaja que trabaja, no le da el tiempo que se merece su amada señora; este año que nos visita, por estar más en otra ciudad que en su casa, sus hijos no lo ven como un gran padre como debería ser, entonces de igual manera usted también perdió; por eso compadrito espero que me entienda porque le decía tanto “pa’ que” para pasar por todo eso que usted está pasando y consolarme con tener los bolsillos llenos, no “pa’ que”.
Mire compadrito, tal vez usted no se dé cuenta pero yo también he crecido, tengo a mi lado una esposa y tres hijos con los cuales comparto mis días viviendo todos felices, tengo grandes y productivas extensiones de tierra, más de treinta hombres a mi mando los cuales me aprecian y respetan, también cuento con muchísimos animales que se reproducen en gran número; razón por ello es que en ningún momento he pensado en dejar mi hermosa tierra, a la cual usted viene unas cuantas semanas al año para recién sentirse un hombre feliz, no ve compadrito por eso ahora y siempre le voy a contestar “Y PA’ QUE”.

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