jueves, 6 de agosto de 2009

CONVERSA DE DON JOSE MARIA MORANTE Y SANTOS PASTOR ANCIANO QUE VIVIO 136 AÑOS (PARTE 2)


El anciano se entusiasma cuando habla del pasado de esta ciudad y con imaginación viva y fácil palabra, como si se tratara de hechos recientes, nos hace una descripción interesante. Ella tiene algo de los lejanos tiempos de la fundación de Cartago, allá por el siglo IX, cuando Elisa, a quien la historia le ha dado en llamar Dido, fundo la mencionada colonia de Tiro en África: Dice la leyenda que cuando Elisar fue varada en las costas cercanas a Túnez los aborígenes no quisieron permitirle que permaneciera en el lugar; pero a tanta suplica de la naufraga, accedieron a venderle la extensión que alcanzara a cubrir un cuero de un buey. La fugitiva se ingenio la forma de de reducir el cuero a cordeles delgadísimos procedimiento que le permitió abarcar una extensión enorme que sirvió de núcleo a la futura gran colonia que mas tarde hicieron desaparecer los romanos por los consejos de Catón.

El cuero de res ha traído a la memoria esta leyenda, porque nuestro anciano, al ser interrogado sobre el origen de la propiedad en el valle, nos dice que fue curioso y pacifico el reparto de solares y terrenos de cultivo. Que los vecinos convinieron en que el padre de Don Justo García que vivía en el caserío de La Pampa y que hacia de agrimensor en aquella época, mensuraba los solares y topos que convenían adjudicarse; el agrimensor García acudía al llamado de los solicitantes y en lugar de la cadena de hierro que hoy se usa, fue un extenso cordel de cuero de res que el usaba. Para aclarar la información el anciano nos dice:
-Por ejemplo mi señor, una persona elegía el sitio y lo amparaba a fin de tener compañía y quien lo ayudara a trabajar, ofrecía solares para que hicieran su casa y topos de tierra para que trabajen. Llamaban al agrimensor García quien formalizaba la promesa extendiendo su cordel de cuero de res para determinar la extensión y los linderos que se les señalaba a los que podemos llamar subpropietarios.
Nos parece que el anciano esta acertado en su recuerdo y en el ejemplo con el que lo aclara; porqué a no dudarlo, dueño de todo el valle fue el Cnel. Juan Flores Del Campo, que fue alcalde Real de Camaná y en cuya ciudad uno de los portales de la plaza de Armas lleva su nombre. Fue algo mas bisabuelo de D. Nicolás de Piérola. Dicho fundador y sus herederos fueron cediendo terrenos con el fin de colonizar el valle abandonado, después de haber sido fundada por el Licenciado Alonso Martínez de Rivera, que escogió sitio mejor que el primero, hizo la segunda fundación el 29 de setiembre de 1557, con el nombre de San Miguel de Rivera.
Pero como lo interesante para el lector es leer la palabra del viejo centenario, vamos a ponerle el disco de una interrogación que nos cuenta algo de historia vivida por él. Y allá va.
-¿Que recuerda don Santos, del terremoto del 13 de agosto de 1968?
-¡Ah señor! ¡eso fue terrible!. La tierra se abrió formando zanjones de los que salía agua y ceniza. El mar se recogió, primero y después se lanzo violentamente hacia la tierra dos kilómetros y medio fuera de su hoya. Se ahogo mucha gente , y por orden del subprefecto que lo era en esos días don Juan Cadenas, cargábamos los cadáveres que el mar arrojo para quemarlos en San Saturnino.
-¿Entonces el caserío de la Deheza desapareció?
-Desapareció para siempre, mi señor, porque en el sitio donde se encontraba el caserío hoy tumba el mar. Había en la Deheza casa de altos hasta de tres pisos como la de don Juan José Bueno, que fue subprefecto, el tercer piso fue todo de cristales. Las casa de altos de don Mariano Pastor y la de don Manuel Pastor, esta ultima en construcción. Había varias calles e importantes casas comerciales, mejor y mas surtidas que las que hay hoy en el pueblo. El mar hizo desaparecer todo, un tal Joaquín Vílchez era dueño de mas de 20 topos de terreno de cultivo situados donde esta hoy la ramada, arenal y pedregal del mar. En casa de éste estaba alojada una familia Chirinos de Chuquibamba, que había venido a tomar baños, la familia integra se ahogo ya que no pensaban que el mar podría salir tanto.
-¿Nunca ha sido usted soldado?
-Si mi señor. Serví con el Mariscal Castilla.
-¿Y que me cuenta de sus amores don Santos?
Sonríe el anciano. Se pasa a mano por la amplia frente. Arquea las cejas. Con la lengua se humedece los labios. Intenta mordérselos; pero la carencia de dientes lo desengaña. Me mira con malicia. Parpadea los ojos con celeridad. Mueve los hombros. Arroja el cigarrillo sin terminarlo. Su semblante refleja jubilo, añoranzas de aventuras ideas y por fin me dice:
-Los recuerdos de amor alivian el peso de los años …..Otro sábado, mi señor hablaremos de ese almíbar de la vida. Por ahora me basta decirle que uno de mis tataranietos tiene ya 30 años.
-¿Entonces cuantos tiene don Santos?
Puesto ya de pié, porque sin duda la pregunta sobre el amor lo intranquilizaba, nos responde:
-Don Carlos Salazar, que maneja los libros de la parroquia, me ha dicho que ha encontrado mi partida de bautizo y que ya he cumplido 124 años.
Tal es a grandes rasgos, el anciano y sus recuerdos, que existe en Camaná, en el balneario de la Deheza, de donde viene a la ciudad casi todos los días a pié, haciendo un recorrido de dos kilómetros. Hace viajes a las Lomas en tiempo de lluvias cabalgando un asno y a veces a pié arriando su pollino por las faldas de los cerros húmedos para comprar quesos en las majadas y revenderlos después en la población.


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