viernes, 17 de septiembre de 2010

MI GALLO UN HERMANO, UN COMPAÑERO, UN AMIGO


El gallo que es bueno
de todas sale adelante
por mas difícil que la tenga
no hay vez que no se levante.


Esa mañana como todas, era inundada por el canto de numerosos gallos que aleteaban vigorosamente en sus jabas, anunciando el comienzo del día; este hecho era algo común en nuestra tierra allá por los años 30, donde la gente tenía una gran afición por las aves de riña en la modalidad de pico; tanta era la afición de estos, que no había casa en la cual su patio trasero no esté repleta de jabas, revolcaderos y por supuesto como no podía faltar un gran ruedo; en donde se preparaban o si se daba el caso, se daban las respectivas “chusqueadas” de los valientes luchadores; los cuales demostraban su destreza, en las arenas de los concurridos coliseos de la provincia.

Don Julián Benítez conocido criador del valle, se encontraba como todas las tardes en el patio de su casa, alimentando a sus queridas aves silbando una alegre tonada, cuando de pronto fue sorprendido por un fuerte dolor en el pecho, el cual lo llevó al suelo de forma abrupta; don Julián fue llevado al hospital aquejado por un pre infarto que por poco le quita la vida, según lo anunció trágicamente su médico; por lo cual se le mandó al paciente de regresó a casa, con la orden de guardar cama religiosamente.

Don Julián luego de este desafortunado incidente sentía que las horas se le estaban acabando, así que no dudó en llamar a su único hijo llamado Mateo, el cual al igual que él, era aficionado a los gallos como todo buen camanejo de esa época, para así confiarle la tenencia de un ave que era muy especial para el viejo criador, esta sería ni más ni menos que su finísimo gallo ajiseco; el cual don Julián después de una vida dedicada a la gallística y luego del cruce de innumerables líneas, creía tener el mejor gallo que sus ojos habían visto, confiándoselo a este, le dijo:

- hijo este es uno de los mejores gallos que han visto mis ojos, ahora que estoy por dejar este mundo, quiero que sea tuyo para que lo cuides y juegues a tu nombre; tengo la seguridad de que cada vez que quieras que este gallo te de la victoria, no te defraudara; pero eso si hijo mío, tienes que respetarlo por su gran nobleza y entrega, como yo hice en vida con todas las aves que tuve bajo mi cuidado
Luego de decir estas palabras, don Julián dio un profundo respiro y luego murió.

Así pasaron los meses y la tranquilidad de Mateo fue interrumpida por la repentina enfermedad de su esposa Melva, ya que con el tratamiento de esta, Mateo tuvo una serie de problemas económicos que lo estaban llevando a la desesperación.

Una mañana en que Mateo salió a caminar al patio de su casa, pensando en una solución para sus desdichas, fue que escuchó el bravo cantar del ajiseco regalado por su padre, con lo cual una gran idea se apoderó de su mente; Mateo se dispondría a preparar el magnífico gallo, para así hacerlo pelear en las fiestas de la provincia próximas a esos días, y con ello poder contar con algo de dinero que lo saque de su difícil situación.

Pasaron las semanas y el día del enfrentamiento había llegado, Mateo se dirigió al coliseo donde pelearía el fiero ajiseco que le regaló su padre; a la hora de la pelea, el orgulloso dueño se acercó al ruedo donde se aprestaría a soltar su gallo, al cual le tocaba pelear con un hermoso giro del reconocido galpón “vencedores” de la ciudad de Arequipa, para luego empezar la riña con la orden del juez; Mateo soltó al fiero ajiseco, quien se abalanzó sobre el veloz giro, propinándole una mortal y certera patada en el pecho, la cual le dio muerte en unos pocos segundos; Mateo saltó de alegría y elevó su gallo al cielo como muestra de agradecimiento a su padre por el regalo que le había hecho; así con el dinero ganado en la pelea, orgulloso gallero logró costear los gastos de la enfermedad de su esposa y otras desavenencias por las cuales pasaba.


Habrase visto mayor hermandad
que la nuestra compañero mío,
tu cantas porque has ganado
y yo canto porque eres mío.


Así pasaron los meses y el gallo ajiseco de Mateo comenzó a acumular victorias, motivo por el cual su dueño fue asediado por jugosas propuestas de compra de la famosa ave, de parte de los más adinerados galleros de la provincia; queriéndose pagar una suma nunca antes ofrecida por un gallo de pelea, pero Mateo no se dejó persuadir y continuó orgulloso al lado de su ajiseco.

Con el transcurso de los meses este afamado gallo, no encontraba rival alguno en Camaná, por lo cual Mateo se paseaba siendo respetado por sus triunfos; un día de esos el orgulloso dueño, se topó este en pleno coliseo con Don Pedro García, quién era un antiguo rival de su fallecido padre; el cual hace ya varios años polloneó a uno de los mejores gallos de éste y cuyo ganador luego de lo sucedido se burló de don Julián, ante su derrota; este episodio logró marcar la memoria de Mateo, quién lleno de ira se le acercó a este y sin pensarlo dos veces lo desafió diciendo:

- don Pedro, aun recuerdo el día en que usted se burló de mi padre, pero aquí estoy yo para defender su honor, así que si es muy hombre acepte una pelea con mi ajiseco o cree que es mucho gallo para los de usted

Don Pedro no pudo negarse ante tal atrevimiento, así que aceptó el desafío; Mateo corrió a su casa a traer al ajiseco, estando de regreso rápidamente; una vez frente al ruedo, entraron los soltadores para llevar a cabo el tremendo desafió; la gente se encontraba expectante y ansiosa por la interesante pelea; hasta que escuchó la voz de:

- ¡suelten los gallos!

El ajiseco de Mateo y el gallino de don Pedro se echaron a pelear, la riña estuvo pareja con una demostración de valentía y fiereza por parte de las aves; ante los gritos de emoción de todos los asistentes, que nunca habían visto tan emocionante contienda; después de un revoloteo el gallo de don Pedro cae gravemente herido a un lado del ruedo, dando Mateo fuertes gritos de emoción que saciaban su sed de venganza hacia el dueño del gallino; el ajiseco lo miró fijamente sin darle muerte a escasos pasos de él, hasta que el gallino haciendo honor a su raza, no podía dejar de luchar teniendo aun un ápice de vida; así que este se abalanzó sobre él ajiseco, quien también respondió al ataque y luego de este revoloteo, cayeron los dos gallos heridos de muerte a la arena, los cuales ante el asombro de la gente, murieron.

Mateo no podía creer lo que había hecho, con lo cual un fuerte remordimiento se posó en su conciencia, por haber hecho caso omiso a los consejos de su recordado padre y por cómo le había faltado el respeto a su querido gallo ajiseco, al cual lo jugó por una simple venganza y sin haberlo siquiera preparado. Mateo corrió hacia su fallecida ave tomándolo entre sus brazos como muestra de arrepentimiento, pero ya era muy tarde, el ajiseco había muerto y con esto la leyenda de este gran gallo había nacido.

Así comenzó Mateo su triste recorrido hacia el cementerio de la ciudad; donde al estar frente a la tumba de don Julián, pidió perdón con el ave entre sus brazos, para luego proceder a enterrarlo al lado de la tumba de este, lo cual le recordaría siempre a él y a la gente que conoce de esta historia, que se debe respetar la nobleza de los gallos, ya que estos dan sus vidas en los ruedos, para darnos la tan ansiada victoria.



Mi mujer y mi gallo
son los que más me han conocido
mi gallo por fiel
y mi mujer por perdido.


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